martes, 6 de marzo de 2012

En la capital de la política (I)


De nuevo, siento la tardanza, pero la ocasión se excusa sola. Los alumnos del MCPC hemos comenzado nuestro periplo por Washington en el programa de intercambio con la Graduate School of Political Management (GSPM) de la George Washington University. Una oportunidad perfecta sobre todo para aquellos que estamos más interesados en la comunicación política. Llevamos algo más de una semana en la capital de los EE.UU. y ya hemos tenido bastantes encuentros que merecen ser comentados.

El primero de ellos me pareció especialmente chocante. Acudimos al CATO Institute, una organización que, a modo de think tank, promueve lo que en EE.UU. se conoce como libertarianism, en otras palabras, ultraliberales que, bajo el valor universal de la libertad, persiguen llevar al estado a su mínima expresión. Entre otras muchas cosas, su portavoz aseguró que la crisis había sido culpa principalmente de los gobiernos, que Grecia habría sido mejor que quebrara (¿mejor para quién?), que todas las drogas deberían ser legalizadas, que la educación y la sanidad mejor en gestión privada y que, pese a que conocía a Cristóbal Montoro y a Luis de Guindos, esta semana publicarían un informe en el que criticarían que hayan subido los impuestos. Por supuesto, tenían preparados todos los datos necesarios para defender sus tesis que, personalmente, me impactaron por el hecho de oírlas de la boca de alguien con tal convicción, ya que fueron afirmaciones muy duras para todo aquel que, como la mayoría de europeos, cree en el Estado del Bienestar.

También visitamos al departamento de comunicación y relaciones con la comunidad hispana de la Casa Blanca, donde explicaron las estrategias y las acciones emprendidas por la administración Obama para con estos ciudadanos. Ver de primera mano aquel despliegue de medios evidenció la gran importancia que ha cobrado la comunidad latina en EE.UU. (que respaldó mayoritariamente a Obama) y cuán imprescindible es segmentar a los votantes para tener una comunicación efectiva con ellos. Conviene recordar, además, que el presidente Obama no reformó la inmigración como prometió y por tanto existe cierto sector de esta comunidad defraudado con el gobierno federal, aunque en un menor porcentaje que el que muestran los medios estadounidenses hispanos. A excepción de este asunto, pese a que el Presidente, efectivamente, ha tenido muy en cuenta a los latinos, parece que no han sabido comunicar eficazmente los avances promovidos para ellos.

Nos recibieron también en los headquarters de los dos principales partidos. Son los “chicos malos”, tal y como un responsable de prensa los autodefinió. Puesto que las campañas van por su propio lado, desde el partido se encargan de, además de buscar financiación y apoyo legal, monitorizar a los adversarios y distribuir información negativa acerca de ellos. El partido republicano contaba hasta con archivo digital en el que guardaban todas las noticias y un estudio en el sótano para grabar vídeos rápidos de respuesta en menos de dos horas. También se ocupan de la organización de actos (llenar escenarios con una representación proporcional del país) y de organizar las convenciones nacionales. A ambos se les interrogó acerca de las súper PAC, grupos de apoyo a candidaturas supuestamente independientes a éstas y que pueden recaudar todo el dinero que gusten bajo el principio de libertad de expresión y cuyos contribuyentes quedan menos expuestos públicamente. Se dice que tras la decisión del Tribunal Supremo de aprobarlos, la próxima campaña presidencial va a costar en total más de 5.000 millones de dólares, -el portavoz republicano ironizaba diciendo que hay más anuncios de patatas fritas que políticos-. Asimismo, incluso en periodo de primarias, los republicanos ya tienen sus súper PAC’s funcionando y, aunque el Presidente Obama las criticó, no puede quedarse de brazos cruzados y ya hay una súper PAC pro su candidatura en marcha: Priorities USA Action.

He aquí un ejemplo. Obviamente con las súper PAC pueden ser todo lo negativos que quieran ya que no son el candidato, ni su campaña (aquí lo de "chicos malos" se queda muy corto).



Y aquí un anuncio de radio para los hispanos en español.

En el Partido Demócrata nos comentaron que estas elecciones el fenómeno de los grassroots que ayudó a Obama en su campaña será mucho más sofisticado, ya que ya conocen las herramientas y la gente podrá hacer campaña por sí misma, aunque no es de extrañar, como es de prever, que en esta ocasión el entusiasmo por Barack Obama sea mucho menor. Reconocieron que durante los años de gobierno, los republicanos habían conseguido distraer la atención de los logros del presidente, tales como la reforma sanitaria o incluso la captura y asesinato de Osama Bin Laden (lamentablemente lo segundo también parece ser un logro para muchos estadounidenses). Ante la “explicación” de los beneficios de la reforma sanitaria, los republicanos ofrecían a los medios polémica y mucha virulencia política que capturaba la atención y el espacio de los medios, véase el Tea Party. Preguntados acerca de este fenómeno de organización amorfa de los sectores más radicales del partido republicano, desde su sede central se nos dijo que intentan dirigirse a ellos como se dirigen a la comunidad hispana, por ejemplo: intentando contactar con sus líderes de opinión, proporcionándoles información etc., pero no reconoció que hubieran marcado la agenda del partido.

Por último, el viernes pasado, nos visitó Bob Blaemire de Catalist, una empresa de microtargeting, que hace negocio con los datos públicos de los votantes y aquellos que se pueden comprar para así preparar y vender mapas de votantes de una especificad verdaderamente asombrosa y hasta “scary” como él mismo dijo bromeando. Mapas de incluso barrios en los que aparecía quiénes habían votado republicano, quiénes demócrata, quienes con más fidelidad, quiénes con menos… Todo ello de suma relevancia para hacer una campaña política eficiente y hablar con las personas clave, es decir, aquellos a quien se puede persuadir. Revisan al menos dos veces cada uno de los cincuenta estados al año, y hasta veinte veces aquellos battlegrounds en los que se deciden elecciones, como Florida por ejemplo, que a veces vota republicano y a veces demócrata. Por encima de la educación, según Bob Blaemire, las personas votan en función de su raza, de su género y de su edad.

Ayer acudimos al American Society / Council of the Americas, pero tendrá que esperar hasta la crónica de la semana que viene.