miércoles, 18 de mayo de 2011

El voto de los indignados

El pasado fin de semana asistí a dos encuentros marcadamente políticos. El primero de ellos, el mitin del PSPV-PSOE del que di cuenta en l’Informatiu y podéis leer aquí. El segundo, la manifestación cívica convocada por Democracia Real Ya, a la que se unieron otros colectivos como Juventud SIN Futuro que ya había mencionado por aquí.

Del acto central de campaña de los socialistas valencianos me fui con la sensación de haber aborrecido la palabra dignidad. Nadie duda que es una buena idea, es un valor, pero… ¿es una propuesta de sociedad? Como bien explicaba el sociólogo Jorge Galindo en este artículo, remarcando tanto la palabra dignidad el votante se pregunta ante qué o ante quiénes, y la respuesta consiguiente es ante la corrupción del PPCV. Y así, se vuelve a la oposición a la corrupción política que personalmente creo que es necesaria, aunque se ha demostrado inútil electoralmente y no propone una sociedad distinta, ni define un proyecto claro. Por supuesto que todos los ciudadanos quieren que su sociedad y sus políticos tengan dignidad, pero éste es un concepto demasiado grandilocuente como para definir una alternativa política reconocible, a no ser que se quiera transmitir la idea de que “somos como el PP pero más honrados”, con lo cual se desdibujarían las diferencias -que aún las hay- entre un partido y otro.

¿Por qué dignidad? No es baladí. Desde que el manifiesto Indignez-vous! (¡Indignaos!) arrasara en Francia y llegara a nuestro país (aquí lo tienes en español y aquí en francés), la palabra y sus derivados se han puesto de moda. El PSPV ha cogido el derivado en positivo y las miles de personas que nos manifestamos en las calles de España el pasado domingo estábamos simplemente indignadas, que no es poco para los tiempos apáticos e individualistas que corren.

Foto de Levante-EMV

El problema de estas movilizaciones es que se mezclan churras con merinas y siempre hay listos que se quieren aprovechar de la situación. Fue una marcha pacífica (desde el colectivo se ha rechazado la violencia de los cuatro imbéciles de siempre), apartidista, pero no apolítica. Era un claro grito contra, como dice el profesor Guillermo López en su blog, la mediocridad de la clase política.

Dentro de esta ola de indignación han aparecido propuestas para encarar las próximas elecciones. El colectivo #nolesvotes pone en un mismo plano a PP, PSOE, CiU… los grandes partidos. En la manifestación se gritaba “PSOE, PP, la misma mierda es”. ¿Esto a quién perjudica? Obviamente al PSOE, como ya apuntaba ayer El País. Su electorado es crítico, se ha cabreado y no les va a votar. El del PP, sin embargo, pase lo que pase (y en la Comunidad Valenciana lo sabemos), irá a las urnas.

¿Por qué ha ocurrido esto? Porque el PSOE ha roto su relato. La sociedad tiene interiorizada la idea de que con los socialistas los servicios sociales se amplían o están más seguros. A partir de las reformas de hace un año, sin una suficiente preparación de la opinión pública, el personaje de Zapatero se ha desinflado. ¿Qué se pudo haber hecho? Explicar que era la única salida poco a poco, mostrándolo como una prueba de fuego por la que el país tenía que pasar y que por parte del Gobierno ya se había reformado o recortado todo lo que se podía antes de tocar lo que afecta tan directamente al ciudadano. Un ejemplo: ¿por qué no se reinstauró el impuesto de patrimonio antes de realizar los recortes? No habría sido suficiente para lo que se nos pedía desde Bruselas, pero sí habría sido un gesto que habría calado en los ciudadanos.

Ahora el PSOE se encuentra muy perjudicado por este movimiento que le pone en el mismo rasero que el PP, por lo que necesitará volver a marcar las diferencias y hacer suyas algunas reivindicaciones de los ciudadanos indignados. ¿Por qué nunca se ha abordado una reforma de la Ley Electoral por ejemplo? Esta propuesta sí está incluida en programas e ideologías tan dispares como la de IU o UPyD. De hecho, ambos partidos ya están intentando sacar rédito de las movilizaciones como alternativas que son al bipartidismo, IU con la ventaja añadida de confrontarse con el sistema económico y financiero sin tapujos ni ambages (lástima para ellos carecer de un liderazgo atrayente).

De todas formas, como dije arriba, hay que llevarse cuidado con los que se quieren llevar tajada de la situación. Atentos a este colectivo: Ciudadanos en Blanco. Dicen que no quieren ser partido político, pero se constituyen en uno para concurrir a las elecciones y si les eligen dejarán vacío el escaño (del sueldo público no dicen nada). Su única propuesta es cambiar la ley electoral para que los votos en blanco cuenten y dejen una representación vacía. ¿Alguien desea que le represente “la nada”? Además, también existe #novotes que promociona directamente el abstencionismo, una opción que a mí me parece cobarde, ácrata o para gente a la que le da igual todo y todos. Yo sí creo en la política y por eso soy consciente de que se necesitan emprender reformas radicales en las que los ciudadanos queremos ser escuchados. No creo que se vaya a "cambiar" todo el sistema, pero quizá sí que podamos influir en él a través de algunos políticos (yo nunca he creído que todos fueran iguales), y si no están seguro que llegarán o si son los que están al final se atreverán -o se verán forzados- a dar los pasos valientes que se están pidiendo. Mientras tanto yo sigo indignado y sólo yo soy dueño de mi indignación.

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