sábado 23 de abril de 2011

Por la senda de los elefantes

El significado de este gracioso apelativo de la zona de tascas del centro de Logroño es obvio. Con cada tapa o pincho, una copa de Rioja… ¡En qué gran país vivimos!

La calle Laurel nos dio la bienvenida a la senda. A las ocho de la tarde aún se podía pasear con facilidad para otear dónde se escondían las mejores tapas a los mejores precios. Una hora más tarde, la gente se multiplicaba para saturar los bares y sus entradas, donde el olor a frituras se mezclaba con el de los fumadores felices con su vicio y alguna copa caída. Caminar por las cuatro calles que conforman la senda se complicaba. Llegando a la medianoche la orquesta de sonidos estaba interpretando su fortíssimo más vibrante, mientras los camareros bregaban con clientes cada vez más numerosos e impacientes. Al descubrir nuevas tapas el estómago se esforzaba en hacer algo más de sitio y los lugares hacían buena caja a base de consumiciones de dos o tres euros por persona. A las pocas horas del nuevo día muchos ya se marchaban dejando tan solo a los más insaciables y a las despedidas de soltero/a, que disfrazados y ruidosos, tenían prohibida la entrada a muchas tascas “por irrespetuosos”, decía algún camarero ya escarmentado. Así pues, la noche dejó su encanto de tapa y vino para dar paso a la fiesta globalizada, la de luces bajas y música a tope. Insaciados y disfrazados se daban cita por los alrededores de la Concatedral de Santa María de la Redonda, para matar la noche a golpe de cubata y/o bailoteo.

Cada vez que disfruto tanto de la cultura del tapeo y el buen vino como lo hice en Logroño me pregunto por qué Valencia nunca la ha adoptado como suya.


Ejemplo y argumento para volver a visitar Logroño: Tapa de migas campesinas con huevos de codorniz + copa de vino Rioja crianza por 2 euros.

Entrada dedicada y agradecida a Los Coyotes y a cierta canción de Engendro.