viernes, 8 de abril de 2011

Ni conmiseración, ni exaltación

¿Discapacitado? ¿Persona con discapacidad? ¿Minusválido? ¿Inválido? ¿Enfermo mental? ¿Discapacitado intelectual? ¿Persona con diversidad funcional?... ¿Quién es qué? ¿Debo destacar que esta persona, protagonista de mi noticia, era ciega (¿o mejor invidente?) para fomentar su normalización o, por el contrario, estaré destacando algo que no es relevante y puede ser contraproducente?

Comunicar Igualdad, así se titulaba la jornada que organizó ayer la asociación Mujeres Periodistas del Mediterráneo en la que profesionales de los medios y personas con discapacidad se dieron cita para debatir los problemas y características de la información publicada y emitida que hace referencia a este colectivo.

Una de las ponencias más interesantes de la mañana fue la de la profesora de la Universidad Cardenal Herrera – CEU Inmaculada Rius, que adelantó algunos datos del estudio que están preparando (pionero en España) sobre el tratamiento informativo de la discapacidad en los medios de comunicación. Rius lanzó algunos datos reveladores, unos buenos y otros no tanto. Al parecer, el periódico valenciano Superdeporte fue el diario que más informó de los pasados Juegos Paralímpicos de toda España, por encima incluso de los nacionales, pero lo que es aún más sorprendente es que, aunque el Comité Paralímpico se ofreció a pagar de su bolsillo la corresponsalía en China de los periodistas deportivos, muchos medios rechazaron esta oferta. Prefirieron no informar. Respecto al tratamiento de las noticias que aparecieron, Rius explicó que en la prensa se tendía hacia el relato épico (superación personal, final feliz) y en la radio las informaciones se acercaban a algo más sensacionalista.

Dejando a un lado el deporte, en la prensa sí que se aprecia una normalización léxica y, aunque encontraron 45 maneras de llamar a una persona con discapacidad, fue esta última fórmula la más empleada (bien, bien). Sólo tres veces apareció la expresión “persona con diversidad funcional”, la cual, desde mi punto de vista, es horrenda y poco efectiva porque nadie la entiende así de buenas a primeras. Otro dato positivo es que, restando las noticias relativas a la Ley de la Dependencia (lamentablemente munición política de unos y otros), el estudio arrojaba una media de tres noticias al día que trataban o mencionaban discapacidad de algún modo. Conclusión: prensa ha mejorado considerablemente, radio y televisión aún queda.

Otra de las intervenciones más sobresalientes fue la de Arturo San Román, director de comunicación de la agencia de noticias (sobre todo sociales) Servimedia. Un 48 % de su plantilla está formada por periodistas y profesionales con algún tipo de discapacidad, y han editado un Libro de Estilo (disponible aquí) que puede ser muy útil para utilizar las palabras y expresiones adecuadas. San Román aseguró que el lenguaje sí importa y que ya bastaba de hacer noticias sensacionalistas como “Enfermo mental mata a …” o esas en las que sólo falta por poner el “oh, pobrecitos”. Lo mejor para una buena información que trate o incluya algo sobre discapacidades es acercarse a la persona en cuestión y conocerla, del mismo modo que cuando uno escribe de medicina llama a un médico. El ejemplo de la impactante noticia del grupo de chavales con Síndrome de Down a los que un pub negó la entrada lo evidenciaba: a nadie se le ocurrió hablar con ellos, protagonistas de la historia (!!!).

Esta jornada me hizo extrañar al gran periodista José Luis Fernández Iglesias, que era un verdadero experto en estos temas. Él solía decir que había que ser “militante de tu discapacidad” para defenderla y normalizarla allá donde fueras. De los medios le molestaba lo mismo que me saca de quicio a mí, esas noticias sensibleras en las que el lector acaba compadeciéndose del sujeto de la noticia o elevándole a la categoría de Ser Supremo: “¡Oh, un ciego subiendo al Everest! ¡Qué coraje!”... y ya era el quinto que lo hacía. Ni conmiseración, ni exaltación. Además, y por “repartir” también a las organizaciones de discapacitados, tal y como apuntó San Román, éstas asociaciones no pueden pretender aparecer en los medios todos los días. Tienen que conocer cómo funcionan las empresas periodísticas y adaptarse a ellas, a sus tiempos y a sus características. Al final, las noticias lo que deben es interesar y tener como fin la normalización de los derechos que nos son propios a todos, y cuando alguna persona rompa o denuncie una barrera que le impide disfrutar de ellos, los periodistas debemos estar ahí para dar cobertura de ello. Tan simple y tan complejo como la misma profesión de periodista.

Por último, he de añadir algo que a veces me da que la gente no lo ve tan claro: no todas las personas con discapacidad son maravillosas y admirables, también las hay que son cretinas, vagas, imbéciles, egoístas, envidiosas, amargadas… ¡Es obvio, son personas!

Aquí os dejo y os recomiendo (sobre todo a los periodistas) la Guía de Estilo sobre Discapacidad para Profesionales de los Medios de Comunicación, una de las mejores contribuciones de José Luis Fernández Iglesias.

Cortometraje "El mundo al revés", de la asociación Asindown


Y el reportaje "Por Talento", en el que durante un día Ferran Adrià experimenta lo que es la sordera, María Garaña, presidenta de Microsoft Iberia, lo que es moverse en silla de ruedas y Marcos de Quinto, presidente de Coca-Cola España, qué se siente al no ver nada.
    

2 comentarios:

Marta dijo...

Me ha encantado el artículo. Enhorabuena!

moledo dijo...

Muchas gracias, Marta!