lunes, 20 de diciembre de 2010

Contra la llamada "Ley Sinde"

En asuntos espinosos es importante comunicar las razones que llevan a un gobierno a legislar de una u otra manera. "Cuanto más complejo es un tema, más tiempo se ha de invertir explicándolo", dijo Rubalcaba el pasado 12 de diciembre en Valencia refiriéndose a la inminente reforma de las pensiones. En el asunto de Internet, las redes Peer to Peer, el pirateo, la propiedad intelectual, las descargas, la industria cultural... el gobierno socialista está perdiendo en todas y cada una de estas batallas (/debates) en lo que a opinión pública se refiere. ¿De verdad alguien cree que los internautas no se van a dar cuenta de una disposición final que les atañe? ¿De verdad alguien cree que no se van a movilizar a través de las redes sociales? ¿Alguien de verdad cree que un comunicado puede competir contra cientos de blogs y comentarios? Si el Gobierno hubiese planteado un debate serio sobre el asunto la beligerancia de los internautas habría sido diferente (y la que les puede caer). Ahora la impresión que se tiene en la red es que se llama Ley Sinde, o Sindescargas, que la ha redactado el gobierno de EE.UU. y la industria de copias y que se ha eludido el debate incluyéndola en una disposición final que debe ser aprobada por una comisión de ocho diputados.
Hasta aquí el análisis comunicativo. Por lo que sé, por lo que pienso, por lo que se me ha comunicado y por lo que me he informado, mi conciencia me dicta estar en contra de la Disposición Final Segunda de la Ley de Economía Sostenible y así se lo he hecho constar a los siguientes diputados:

Si estáis en contra -o a favor- hacédselo saber.

¿Alguien puede rebatir algo de lo que explica Antonio Delgado en esta impresionante y clarificadora entrada de su blog?

Como diría cualquiera con dos dedos de frente, no está el horno para bollos. Y no será el tema decisivo en las próximas elecciones, pero sí puede restar ese voto joven que los partidos (y sobre todo el PSOE) quieren ganarse cuando se hacen un perfil en alguna red social. A los ojos de los internautas, sus representantes son unos analfabetos de la web 2.0 y la colaborativa.

martes, 7 de diciembre de 2010

China y sus contrastes

Es natural, cuando uno sale de “Occidente” tiene la esperanza de encontrarse algo completamente diferente que añada ese toque mágico (¿exótico?) al viaje, y al mismo tiempo, cuando se está allí durante un tiempo, en algún momento siempre se acaba mirando con la perspectiva occidental desde lugares que se acercan a lo occidental. Me explico: uno viaja a China 21 días con un grupo grande y al final la voluntad colectiva es encontrar la típica hamburguesería de la M y viajar con la comodidad con la que lo hacemos por aquí.
China, o más bien la pequeñísima parte de China que visitamos durante tres semanas nos sorprendió para bien y para mal; en especial por sus contrastes. Contrastes entre las grandes urbes y el interior, entre las ciudades y entre los habitantes de una misma población. En Shanghai pasamos casi inadvertidos en una ciudad cosmopolita, llena de occidentales y con aspecto y pretensiones occidentales. Por el contrario, en un pueblo del interior donde paramos a comer los locales nos miraban fijamente por ser los primeros “narizotas” (así nos llaman) que veían fuera de sus pantallas de televisión. Allí y en lugares turísticos como la Ciudad Prohibida nos pedían fotos como si fuéramos alguien especial y se lo pasaban pipa viendo cómo intentábamos comer con palillos o asimilar sus costumbres y lenguaje.
Es una de las peculiaridades de los chinos, el mirar fijamente pero sin ánimo de ofensa o desprecio, simplemente por curiosidad. Otra de sus características como pueblo, además de su sufrido espíritu del trabajo, es que son en general amables y atentos con el extranjero, lo cual ayuda a resolver situaciones en las que incluso los gestos tienen un significado diferente.
Volviendo a los contrastes, donde más los apreciamos fue en Beijing. Nos alojábamos en un hotel de un hutong (callejón) que bien podría representar lo que es China en la actualidad. Una calle larga pero estrecha, casi sin aceras, con un tráfico descontrolado y peligroso en la que nos encontrábamos un edificio estatal con muchísimos policías, mercadillos, nuestro hotel, unos servicios públicos que provocaban repulsión con sólo mirarlos, gentes haciendo barbacoa en medio de las calles, otros comiendo en el suelo mientras escuchan música en una especie de iPhone, bicicletas, motos eléctricas, coches Audi relucientes y carritos de llevar a turistas. Cada cual en su sentido, de aquí para allá. La pequeña parte de China que visitamos en buena medida nos pareció como nuestra calle, un país con un desarrollo increíble, pero irregular. Un gran amigo mío lo expresó de esta manera: “es un país que ha crecido en 30 años, lo que al resto nos costó siglo y medio”. Y ahí está uno de sus problemas, su población ha tenido que aprender y modificar sus hábitos tan rápidamente, que es normal ver a alguien en condiciones insalubres comiendo en el suelo y escuchando música en un iPhone.
He aquí otro ejemplo. Cuando quisimos viajar por el interior del país para visitar Pingyao (precioso, pro cierto) y Xi’an (a la que no fuimos al final) entre otras ciudades, nos quedamos sin billetes de tren y tuvimos que comprar para penúltima clase. En cuanto a transporte sobre raíles, el país pseudocomunista tiene cuatro clases de billetes: litera blanda, litera dura, asiento blando, asiento duro y sin asiento. Pues bien, nosotros quisimos litera blanda dado que viajábamos durante 12 horas, pero por inocentes nos quedamos con asiento duro y al llegar al vagón de unos 150 asientos, nos encontramos con 250 o 300 pasajeros y repleto de bolsas hasta el techo. Fue una experiencia única que personalmente no cambiaría. En mi sección de seis asientos íbamos once, dos bebés incluidos. Uno de los niños se meó en el pasillo y a una mujer se le escapó un conejo. La gente fumaba entre vagones y aunque eran decenas los que se sentaban y hasta dormían como podían en los pasillos, el carrito de sopas pasaba una y otra vez. El contraste lo vivimos en Shanghai, donde cogimos uno de los trenes más rápidos del mundo, el MagLev, un tren que con magnetismo levita sobre las vías y alcanza los 430 km/h. La comparación entre un viaje y otro no tiene desperdicio.
Una amiga china me contó que el trasporte sigue siendo una de las asignaturas pendientes para su país, porque el desplazamiento de un país con 1.600 millones de habitantes es muy difícil, y más si a estos se añade la necesidad de contentar a los turistas que llegan a los grandes eventos como son las Olimpiadas o la Expo.
En cuanto a lo cultural es un país que sorprende y emociona. Su historia milenaria parece no tener límite y el florecimiento de nuevos artistas en grandes urbes como Shanghai o Hong Kong es (casi) imparable. Lo lamentable es que el progreso apresurado que están llevando a cabo emponzoña los tesoros que guarda el país. Me refiero a la angustiosa contaminación de Beijing, la masificación turística de ciertos tramos de la Gran Muralla, la canalización de lo propio para hacerlo agradable al turista etc.
Me llevé gratos recuerdos de China y sus gentes, pero también, y por contraste(s), alguna que otra pena.

Por cierto, Escribo estas líneas ahora, no sólo porque entonces no me apeteciera, sino también porque no podía. Ni Blogger, ni Facebook... casualmente Tuenti sí, y Google a veces, porque casualmente se colgaba siempre que buscabas Tian'anmen. Os dejo con las imágenes y alguna curiosidad.

Entrada a la Ciudad Prohibida, "pequeña" morada de las dinastías Ming y Qing. Se decía que tenía 9.999 habitaciones, porque sólo el Cielo tiene 10.000. En realidad tenía ocho mil y pico.
Por cierto: 9 = número imperial, 8 = buena suerte -de ahí lo de los JJ.OO. del 8 del 8 a las 8:08 del 2008, 4 = mala suerte -los números con muchos cuatros son más baratos-. Nótese la contaminación y la masificación turística a la que hacía referencia arriba

Excursión al lago de Baiyangdian, el día más caluroso de toda nuestra vida. Un mar de nenúfares y salpicado de flores de loto

El Templo del Cielo, aunque su nombre real es "Sala de la Oración para las Buenas Cosechas". El edificio se reconstruyó en el siglo XIX, y pese a haberlo hecho con madera no hay ni un sólo clavo. De lo que más me gustó de China. Todo son símbolos, cuatro pilares por las cuatro estaciones, doce pilares exteriores por los doce meses etc.

El Teatro Nacional, conocido como "la perla" por aquellos a los que les gusta, y "el huevo" por los que no. Diseñado por el arquitecto francés Paul Andreu. Ejemplo de la China moderna y a la última

En el parque de Beihai, uno de los más bellos que visitamos. Vemos el puente a la Isla de Jade, en la que encontramos en lo alto la Dagoba Blanca, templo tibetano construido en el siglo XVII en honor al quinto Dalai Lama

Buda de Maitreya, en el Templo de los Lamas, 18 metros de altura, una única pieza de madera de sándalo, impresionante

La Gran Muralla, se empezó a construir algunos tramos en el VI a.C., pero fue sobre todo el primer emperador Qin Shi Huang quien se puso más serio en lo de matar a la gente a trabajar para defenderse de los norteños de la zona. Trabajaron y murieron 500.000 chinos. Durante la dinastía Ming se mejoró y lo que queda hoy es sobre todo de aquella época. La Gran Muralla, a pesar de su fama, no es la única construcción que se ve desde el espacio. Esta es una de las mejores campañas de publicidad hecha por un estado. Otro de los falsos mitos es que es continua. En realidad aprovecha montañas y barrancos para aparecer y desaparecer. Se comunicaban mediante las torres con señales de humo

Templos taoistas en las montañas de Jeisiu

Y del interior más salvaje...

... a la modernidad más salvaje de la gran urbe de Shanghai

El Pudong, la zona de rascacielos... ¿estamos en China?

Salir adelante

lunes, 6 de diciembre de 2010

Maquis. De la memoria y el miedo

Abro el libro por quinta página y me encuentro con lo más personal de sus páginas, la dedicatoria de quien me lo regaló. La releo y redescubro el percance que sufrió cuando el agua penetró a través de su celulosa un desafortunado día. Un borrón del mismo verde que la tinta con la que se escribieron estas palabras impide saber quién me regaló este libro y con qué motivo. Obviamente yo lo sé porque me acuerdo. Sé que la "F..." que se adivina pertenece a feliz y el “…ump…” a cumpleaños, pero lo que es completamente ilegible son las tres palabras finales, las dos más sentidas y la firma. ¿Y si algún día mis recuerdos se tergiversan con el tiempo y acabo atribuyendo este regalo a otra persona o, peor incluso, se me olvida quién fue?
La memoria es caprichosa, tan pronto nos protege de los recuerdos desafortunados, como nos amarga o alegra la existencia con sus continuas reminiscencias. Y no sólo es caprichosa, también es inexacta e incompleta. Recordamos pequeñas escenas de nuestras vidas, que encadenamos sin importarnos tiempo ni espacio. De ahí que cuando hablamos de memoria colectiva es aún más complejo si cabe estructurar un relato para todos.
Alfons Cervera, en su novela Maquis, ha plasmado en papel y con emotiva prosa la memoria de su tierra (comarca de Los Serranos) sobre una época gobernada por el miedo: la posguerra civil española, en la que la crueldad y el odio de los vencedores, y la rabia y desesperación de los vencidos, les llevó a estos últimos a trasladar la contienda a los montes y a las estratagemas. En un pueblo pequeño como los Yesares el miedo era cosa de todos, aunque más de unos que de otros. Si a la memoria colectiva sumamos el miedo de quien recuerda tendremos un mosaico al que deberemos mirar en perspectiva para comprender.
Esta es la gran magia de Maquis, el autor ha sabido reflejar cómo es la memoria colectiva, con su subjetividad, sus miedos, su complejidad, su ilinealidad etc. El lector encontrará que anda perdido al principio, los personajes se mezclan, se confunden, uno no sabe de quién habla quién, pero poco a poco del mosaico va apareciendo una estampa gris, violenta y triste, en la que era bien difícil ser feliz. Una época que no debemos olvidar, por muy difícil que nos resulte recordar, porque quizá el tiempo nos tergiverse la memoria o, incluso peor, olvidamos quién sufrió qué a manos de quién, y jamás se haga justicia, aunque sea moral.
Además, “al final no nos queda más que la memoria… y debemos cuidarla”.

Maquis es la segunda novela de una trilogía formada por El color del crepúsculo y La noche inmóvil sobre la guerra y posguerra española en la comarca natal del escritor valenciano

domingo, 5 de diciembre de 2010

Noruega, entre aguas y montañas

No sé por qué, pero al llegar a Noruega me esperaba encontrar un tren de alta o altísima velocidad que me llevara de Oslo a Bergen, mi destino principal, en un santiamén, sin embargo, y pese a que el tren contaba con todas las comodidades occidentales, el trayecto nos costó más de seis horas. La razón la tuve presente durante todo el viaje al otro lado de la ventanilla: unos paisajes naturales de ensueño. La población noruega sabe que su tesoro más preciado (aparte del petróleo) es la naturaleza, a la que han sabido respetar y de la que sacan beneficio con el turismo medioambiental que tanta falta hace que se extienda. El tren serpenteaba entre lagos impolutos, montañas abruptas, valles escarpados y, como no, fiordos. Todo ello siempre iluminado por el sol noruego, que en verano parece que se anima y duerme sólo una hora al día, de 3 a 4 de la madrugada (que no noche).Con esta claridad continua era previsible vernos pescando en un fiordo hasta la una, acabar fiestas con un sol de justicia por todo lo alto, dormir hasta las tres del mediodía y comer a las siete de la tarde… Debe de ser aún más impactante –para nosotros- vivir la estación opuesta en oscuridad y frío, mucho frío.
En nuestro caso, el tiempo, aunque lluvioso (Bergen es la ciudad con más precipitaciones de Noruega) nos permitió disfrutar de los paisajes de la ciudad pesquera por excelencia, así como de los fiordos cercanos por los que navegamos entre montañas. Sorprendía ver alguna que otra casa instalada como refugio allá donde ni te podías imaginar cómo habrán podido transportar los materiales para construirla. Por lo oído, y con respecto a este tema, al parecer el gobierno noruego subvenciona a los ciudadanos que mantienen su vivienda en “el campo” y les aseguran que todas sus necesidades estarán cubiertas.
Es admirable el nivel de bienestar de estos países nórdicos a los que siempre ponemos como ejemplo. También es cierto que su presión fiscal es mucho mayor, la vida es cara, que tienen el gran recurso natural del petróleo y que son sólo cuatro millones de habitantes. No obstante, todo esto no quita para que trabajemos por intentar instaurar una socialdemocracia parecida. Personalmente lo preferiría, aunque hay que ser realistas y contextualizar cada situación y cada objetivo. Su alto nivel de vida ahoga a los erasmus españoles a los que visitamos, pero les toca un premio gordo si encuentran un trabajo, que siendo el menor remunerado seguro que supera los mil euros. De hecho, encontramos por allí mucho español trabajando en el famoso Fish Market de Bergen: cuatro o cinco meses de cortar filetes de ballena o salmón y el resto del año para dispendios.
Bergen es una ciudad marinera, sí, entrada de cruceros que buscan fiordos, pero también con su gusto por la montaña. Como Roma, fue asentada sobre siete colinas y la ciudad se extiende a sus anchas sobre éstas. De hecho, un día al año sus gentes se entretienen subiendo a las siete cumbres en un maratón de montañismo que practican en familia, tal es su afición por la naturaleza y aprovechar el buen tiempo -cuando lo tienen-.
De Oslo no puedo decir mucho más que las primeras impresiones que puede dar el centro de una capital de estado, con su pompa y su realeza, y su gusto por el arte y lo innovador mezclado con siglos de historia. Dejemos que las imágenes ilustren, mientras suena la música del compositor noruego Edvard Grieg (seguro que conocéis su música), quien se preparó una caseta para componer con vistas a un fiordo en Bergen donde también quiso ser enterrado. El lugar no podría ser mejor.




Bergen desde lo alto del Floyen, una de sus siete colinas. Es impresionante cómo el agua se enlaza con la tierra

El Bryggen, antiguas viviendas de comerciantes hechas de madera. Consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO


Impresionante cascada en medio de una ruta turística. Me sorprendió que nos ofrecieran una "actuación sorpresa" de una especie de elfa que aparecía y desaparecía por la colina que queda a la derecha. Esa clase de espectáculo tan disneylándtico y con tanta megafonía no me lo esperaba por su parte...

Aldeas en medio de alguna parte

Navegando por los fiordos de Aurlandsfjorden y Naeroyfjorden

ÍdemIglesia Vikinga de Bergen

Estado del Bienestar, pero no el paraíso terrenal. También tienen sus problemas

sábado, 4 de diciembre de 2010

Coger impulso

Antes de retomar la actividad del blog siento que debo pedir disculpas (de nuevo) por mis ausencias. La vida funciona muchas veces a rachas y a modas, y hay veces en las que necesitas escribir lo que piensas y otras en las que la pereza te lleva a expresarte por otros canales o simplemente guardarte tus pensamientos para ti.
Por ahora mi deseo es mantener este espacio virtual, no sólo por quienes me seguís (si es que quedáis alguno, mil gracias), sino por mi propio interés también. He decidido desentumecer los dedos y las palabras y retomar la escritura. La idea es recordar algunos viajes y algunas novelas que me dejé en el tintero de la vagancia de la página en blanco y preparar un nuevo blog para el año venidero: nuevo diseño, un dominio propio, más widgets, nuevos enlaces… más que por la apariencia, por la motivación de darle un empujón y continuidad a mi diminuta aportación a la red. Ya os iré informando, pero antes de hablar del futuro, voy a pensar en el pasado para coger impulso.