domingo, 12 de septiembre de 2010

La París de los rincones

Cuando uno está allí comprende con facilidad por qué se ha ganado la fama de ser la ciudad (seguro una de las ciudades) más bella del mundo. París está llena de encanto, de historia, de leyendas, de arte, de literatura, de modernidad y de respeto al pasado; del mismo modo que también lo está de los lujos desorbitados, las excentricidades y las miserias de una gran metrópolis como cualquier otra.
Es natural enamorarse de París y desear vivir en el barrio Latino, a la vera del Sena o en el pintoresco Montmartre, aunque supongo que el hecho de vivir siempre rodeado de ese encanto y del bullicio de la gran urbe también puede provocar el hastío o la relación de amor-odio con la ciudad. Yo como visitante quedé maravillado.
Dejando a un lado los grandes monumentos y edificios, París tiene lo que con tanta ansia buscaba en Toronto: rincones que cuentan la vida de la ciudad, su larga historia, los logros de sus hijos -locales y adoptivos-, los fracasos y las victorias de su gente, la cultura del país y el amor y desamor de su pueblo. Recuerdo, por ejemplo, que uno de mis rincones favoritos fue el barrio de Corvisart, no siempre en todas las guías, ejemplo de típico barrio parisino que quedó atrapado entre las grandes avenidas llegadas con el "progreso", y que tiene la apariencia de un pequeño pueblo. En este barrio viví la Fiesta de la Música, una de las noches más interesantes de la capital francesa, en la que los músicos toman las calles y presentan sus canciones en directo, mientras tú paseas sin rumbo escuchando aquí y allá sin saber la música que te recibirá en la siguiente calle o plaza.
Y es que París es una ciudad para pasear, para callejear y perderse. La palabra flâneur, cuyo significado es paseante, se ha utilizado también para describir a aquellos que, como Cortázar, vagaron solos y sin destino aparente descubriendo esos rincones de la ciudad que les inspiraban.



Muchos han sido los rincones a los que me gustaría regresar, aquí os dejo algunos en imágenes.

Teatro de la Huchette, creado en 1948, sigue representando con miembros de la primera compañía que actuó las obras "La Cantatrice Chauve" y "La Leçon" de Eugene Ionesco. Es un rincón obligado para quien le guste el teatro de lo absurdo, de lo muy absurdo. Casi en contacto con los actores y su diminuto escenario, pues la sala es diminuta, asistimos a la representación de "La Lección". Genial

Uno de mis rincones -medio-turísticos- favoritos. Shakespeare & Company, una librería a la antigua, con columnas y estanterías rebosantes de libros en inglés, en la que los escritores se reunían para hacer sus tertulias y lecturas, mientras alguno tocaba el piano, hasta que el sueño apretaba y se quedaban a dormir allí mismo


Vista del Sena desde el Pont des Arts, donde se reúne la juventud y ¿la bohemia?

Fuente de Polifemo y Galatea en los Jardines de Luxemburgo


La Opera Garnier es el edificio más bello y más representativo del lujo al que aspiraba Napoleón III


Las Ninfeas de Monet. De los cuadros más impresionantes que he visto en mi vida. Musée de l'Orangerie


Notre Dame desde un pequeño parque del cual no recuerdo el nombre, pero perfecto para descansar del frenesí turístico que ronda por la zona

2 comentarios:

Vloj dijo...

Maravilloso viaje por mi ciudad favorita... voy con asiduidad... y también leo a Cortázar con asiduidad... Un saludo en medio de la noche.
Vloj

moledo dijo...

¡Muchas gracias! También se ha convertido en una de las ciudades que forman mis escenarios.
Un saludo