lunes, 7 de junio de 2010

El guardián entre el centeno. Comprender a Holden

He de confesar que fue la curiosidad lo que me llevó a leer este libro, y destaco lo de curiosidad porque no tenía la más mínima idea de qué trataba la novela. Lo único que sabía era que es un libro que por lo visto ha “inspirado” u “obsesionado” a muchos asesinos, y que es uno de los mejores del siglo XX para Javier Marías. Nada más. No sabía qué me iba a encontrar, lo cual no me pasaba con un libro desde hacía tiempo, ya que más o menos siempre sabes algo, aunque sólo sea por la simple recomendación de tu amigo, la sinopsis de la contraportada o la Wikipedia. Esta vez iba completamente a ciegas y el descubrimiento fue casi tan emocionante como la novela en sí.
Jeromy David Salinger nos presenta en primera persona a Holden Caulfield, un adolescente que, como tantos otros en todas partes del mundo y en todas las épocas, se siente solo y desorientado. Casi nada le motiva; es un travieso que no quiere adaptarse a un mundo que desprecia por mil y una razones, algunas más serias que otras; sus pensamientos vuelan hacia el sexo, el tabaco y al alcohol; tiene miedos y sueños irrealizables y lo único que le merece la pena en la vida es el amor por su hermana pequeña.
Hasta aquí y dicho así, podría pensarse que es algo simple, nada más lejos de la realidad. El modo en el que está escrita esta novela, el realismo de entrar al desorden de la mente de un adolescente inteligente y solitario es magistral, con el mérito añadido de hacerlo así, sin tapujos, en el 1951 estadounidense. Las inquietudes, las rarezas, la sensación de incomprensión de Holden, más que explicarse, se sienten, se desprenden de sus palabras y expresiones plagadas de un humor ácido que engancha y esconde una crítica mordaz a las falsedades del mundo de los adultos. Un mundo al que le están obligando a pertenecer insistiéndole en que debe asentar la cabeza, comportarse como toca, dejar de soñar y aplicarse, decidir de qué quiere trabajar y todos los etcéteras que puedan soltársele a un “bala perdida” de diecisiete años, que en realidad lo que quiere es vigilar que los niños que juegan en un campo de centeno no se caigan por el abismo.
Hay mucha tristeza y profundidad en este relato, el cual no tiene un final completamente cerrado en el que el protagonista ha llegado al punto B desde A, para nada. La voz de Holden nos sirve para conocer la riqueza del mundo interior de éste hasta sufrir su incomprensión, su soledad, sus ansias por sentirse parte de algo y su desesperación por no saber de qué. La fuerza y complejidad de este personaje es lo apasionante de El guardián entre el centeno.
Por último, el texto literariamente es impecable, incluso leyéndolo traducido se aprecia. Por eso se ha convertido en uno de esos libros que me gustaría releer en su lengua original, para seguir escuchando a Holden, para seguir intentando comprenderle.

No sólo ha inspirado a asesinos, también a músicos, como el grupo Guns'n'Roses


8 comentarios:

Distópica-451 dijo...

No recuerdo cómo he llegado exactamente a tu blog, pero El guardián entre el centeno es una de mis novelas favoritas, y buceando por tu sección de literatura he encontrado otras muchas que me encantan.
Así que me seguiré pasando, y quedas invitado a mi pequeña y desordenada distopía.

Saludos desconocido =)

moledo dijo...

Gracias. La verdad es que las Distopías me atraen mucho, así que me haré fijo de tu blog. Ahora mismo estoy fuera, pero en julio tengo pendientes un par de libros.
Nos leemos!

Anónimo dijo...

Poema de Robert burns:

Cruzando el centeno, pobre cuerpo
Cruzando el centeno
Se le volaba la faldilla
Cruzando el centeno

Si un cuerpo choca un cuerpo
Cruzando por el centeno
Si un cuerpo besa un cuerpo
¿Tiene un cuerpo que llorar?

Si un cuerpo choca un cuerpo
cruzando por el valle
Si un cuerpo besa al cuerpo
¿Tiene el mundo que saberlo?

El de Jenny es un cuerpo pequeño y dulce
Jenny casi nunca tiene sed
Y se le vuela la faldilla
Cuando cruza por el centeno...





Choques, roces, besos, lloros...
Dunia

Anónimo dijo...

poema de Robert burns:

Cruzando el centeno, pobre cuerpo
Cruzando el centeno
Se le volaba la faldilla
Cruzando el centeno

Si un cuerpo choca un cuerpo
Cruzando por el centeno
Si un cuerpo besa un cuerpo
¿Tiene un cuerpo que llorar?

Si un cuerpo choca un cuerpo
cruzando por el valle
Si un cuerpo besa al cuerpo
¿Tiene el mundo que saberlo?

El de Jenny es un cuerpo pequeño y dulce
Jenny casi nunca tiene sed
Y se le vuela la faldilla
Cuando cruza por el centeno...





Besos, choques, lloros, roces...
Dunia

moledo dijo...

Gracias, Dunia. Hacía tiempo que no te veía por aquí aportando la tanta poesía que tengo pendiente. Gracias de nuevo. Choques, roces, besos...

Claudia dijo...

Hola Alejandro!

Tiempo ha -¡Diós! ¿Será "a" con "h"?- de nuestro último encuentro. Estaba poniendo al día y organizando la lista de favoritos (¡Qué maravilloso es volver a tener tiempo de aburrirse!) y me he encontrado con tu “ojo avizor” y una entrada sobre Holden…nada más i nada menos!

Yo amé a este personaje a los 16, su descaro (el que yo no tenía) y su capacidad para ver desde su “Nunca Jamás” lo que no pueden ver los que ya han crecido. Recuerdo que su humor me parecía cruel a veces, pero se lo perdonaba: es la pequeña rebelión, el pequeño zarpazo que se concede la bestia que se sabe enjaulada.

Sólo le reprocho una cosa: ¿Por qué no llama a Jane, la chica de la que está enamorado? El libro está salpicado de momentos en los que la recuerda y piensa en hacerlo, pero tiene demasiado miedo como para dejarse llevar… Holden no se concede el sentir cariño por nadie, no se concede el confiar en nadie; pero en el fondo se siente sólo…
Y yo pensaba: “Holden, cobarde, coge el puñetero teléfono y exponte; exponte a mostrarle a alguien lo que sientes”… si tienes suerte perderás un ideal de persona, y ganarás una amiga. ¡Pero el tío ni lo intenta!

Pero es un libro con el que se crece, a los 16 o a los 50, en eso estoy de acuerdo contigo.

:)

Un abrazo!

moledo dijo...

¡Hola, Claudia!
La verdad es que tiempo ha desde la última vez que nos vimos. El otro día me acordé de ti (la filosofía me hace recordarte), a ver si retomamos nuestras tertulias pronto.
Volviendo al libro, la historia de Jane (o la no-historia) es de los detalles que más me gustaron, porque revela la confusión y, como tú dices, el miedo que tiene Holden. De hecho, parece que Jane es la única persona (junto con su hermana) que le pueda llenar ese vacío, pero quizá por su tendencia a fastidiarlo todo se hace creer a sí mismo que no le apetece llamarla, cuando es la persona que más necesita. Algo que a veces hacemos todos, aunque no entendamos por qué.
Gracias por pasarte por aquí.
¡Un beso!

Melak dijo...

Una critica extraordinaria. Como curiosidad te diré que llegué hasta el, porque era el libro que dejó el asesino de Jhon Lennon. En la mañana del 8 de diciembre de 1980, partió desde el Hotel Sheraton, dejando cosas personales en su habitación para que la policía lo encontrara. Chapman compró un ejemplar de The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno), en que él escribió "Esta es mi declaración", y lo firmó como "Holden Caulfield".