sábado, 23 de enero de 2010

Montréal. Esa Europa en tierra norteamericana

Hace ya casi un mes, pasé una gélida pero agradable semana en Montréal. Nunca en mi vida mediterránea había caminado entre tantos tipos de nieve y, pese a todo, conservo un grato recuerdo de mi estancia y unas imperiosas ganas de volver (pero en verano).
Cuando le hablo a la gente de Toronto siempre comento la carencia que para mí significa mucho: el barrio viejo. Aunque Toronto tiene su Destilery District (precioso) sigue faltándole -para mí- plazas, calles adoquinadas y ajenas a la rosa de los vientos, pendientes, edificios antiguos… Será que tengo a la vieja Europa muy adentro mío, y es quizá por eso por lo que me atrajo tanto Montréal, porque parece europea. Es trivial, pero uno no encuentra puestos de perritos calientes por las calles y, pese a que la influencia del continente norteamericano es palpable, el Viejo Montréal (barrio histórico) resiste a los rascacielos art decó que le rodean.
Ésta fue la ciudad fuerte de Canadá hasta los años sesenta, la ciudad del pecado la llamaban, dado que el puritanismo moral y político (que a veces uno no sabe cuál es peor) de los Estados Unidos hacía viajar a muchos de sus ciudadanos a correrse grandes juergas y dejarse de paso las carteras. Fue en los años sesenta cuando el terrorismo y las leyes para fomentar lo francófono motivaron a las grandes empresas a instalarse en Toronto y hacer de la capital de Ontario lo que es ahora. No obstante, la fuerza económica y cultural de Montréal sigue siendo innegable. También posee una gran mezcla de culturas y, aunque el nacionalismo sí que tiene su fuerza en la provincia de Quebec, es más bilingüe que Toronto o Vancouver.
Aparte del pecado, también es la ciudad de las risas y el mejor escenario para los cómicos, de ahí que el festival más importante de humor a nivel internacional (el Juste pour rire) se celebre en Montréal. Por el frío no hay que temer (demasiado) sobre todo si vives en el centro, puesto que Montréal tiene la ciudad subterránea más grande del mundo, por lo que con un poco de suerte y si quieres puedes pasarte todo el invierno sin ver el cielo.
Como siempre aquí os dejo unas cuantas fotos comentadas y, al final, una propina.

Old Port, el puerto de Montreal es un reclamo turístico y recreativo, incluso a -10 bajo cero (¿aprenderemos los valencianos?)


Place Jacques Cartier, es el corazón del Viejo Montréal y la ciudad entera, que se inclina hacia el puerto (pero sin prolongar avenidas -siento hacer tantas referencias, pero me salen solas)


Old Montreal, un barrio cargado de encanto e historia para perderse callejeando

Cercando al barrio antiguo intentaron construir una réplica art decó del Empire States, lo malo es que comenzaron en el peor momento, 1930, y una cosa perversa llamada "crisis" hizo que se quedaran cortos. Obviamente

La colorida catedral de Notre Dame

El mercado de Bonsecours, cuando llegaron los supermercados y sus marcas blancas se transformó en el centro de tiendas de clase alta que es hoy

El estadio olímpico de Montréal tiene la torre más inclinada del mundo -por la que se pueda caminar por dentro, se entiende-

Montréal desde el Mont Royal

Y la propina es un cómico made in Montréal, un muchacho de familia india inmigrante que se ríe de todos los estereotipos culturales que nos etiquetan: negros, blancos, chinos, árabes, indios, latinos... nadie sale indemne de sus monólogos. Buenísimo, Sugar Sammy.


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