domingo, 27 de septiembre de 2009

Todos hacen Toronto

Antes de comenzar con la entrada -por cierto, la 100-, debo pedir disculpas por todo este tiempo en el que he dejado abandonado el blog. Ha sido un verano muy activo, muy político y muy instructivo para mí. Lamentablemente ya no veré la fiesta desde la mismísima pista de baile, pero la seguiré muy de cerca. También ha sido un verano de preparativos a la aventura que me ocupa ahora: vivir, disfrutar y aprender en la ciudad de Toronto.
Solemos pensar, y a mí es una de las cosas que más me gustan de nuestro país, que en España somos muy diferentes unos de otros y que con la inmigración cada vez hay más diferencias. Si tuviera que describir Toronto con una palabra ésta podría ser diversidad, miscelánea, cosmopolitismo, multiculturalidad… Paseando por sus calles es difícil cruzarte con dos personas de la misma procedencia. Según lo que he oído, más de un 50 por ciento de la población ha nacido fuera de Canadá. Este inmenso ratio de inmigración hace que en Toronto se hablen más de 100 idiomas (tranquils que el català fins i tot s’estudia a la universitat). Lo curioso, entrañable y a la vez previsible de tanta inmigración es que tiende a crear pequeños espacios de una cierta homogeneidad que dan riqueza a la ciudad y seguridad a los inmigrantes. Así, encontramos en Toronto una Pequeña Italia, una Pequeña Portugal, una Pequeña India, Pequeña Grecia, Chinatown… de modo que, al igual que nos ocurre cuando hacemos turismo, cada cual tiende a ir con los que comparten su cultura, lengua, tradiciones. Parece un efecto inevitable, y en principio uno podría pensar que es triste, puesto que en el mundo de hoy lo interesante es mezclarse, pero también lo es preservar nuestras diferencias más allá de las físicas.
Todos aportan y forman parte de Toronto. Hasta ahora he estado en Little Portugal (de fiesta) y en Chinatown, y sobre esta última puedo decir que es un cambio radical de una manzana a otra, cuando de repente hasta el Royal Bank of Canada pone sus siglas en chino. Las tiendas rotulan todo en chino, incluyendo todo un centro comercial lleno de pequeños comercios. Hay una gran variedad de restaurantes orientales y mercados de frutas y verduras a muy buen precio. Cuando se acaba el barrio y llega algún Tim Hurtons (la cafetería que está por doquier) la ciudad vuelve a mezclarse para deshacerse después en alguna otra nacionalidad. Maravilloso.
Sin embargo, también tiene sus cosas negativas, comenzando por el café de esta cafetería-nacional, pasando por el negocio que tienen montado con la sanidad –universal, sí, pero negocio-, y acabando por ser una ciudad sin barrio histórico (a mí es que me encantan), dado que fue construida a mediados de siglo XIX, y lo que es aún peor, pensada para coches. Por eso a la ciudad la atraviesan numerosísimas autopistas que van de punta a punta y en las que se montan atascos monumentales con la contaminación que ello conlleva. El transporte público, que es muy bueno en metros y algo peor en autobuses, cubre sólo con asiduidad lo importante de la ciudad, lo cual obliga a coger el coche si se vive en una de las muchas áreas residenciales. Aunque parezca increíble, Toronto sólo tiene dos líneas de metro principales, una hace una U, es decir de norte-sur-norte, y luego una de este a oeste. Tiene sus ventajas e inconvenientes, la ventaja es que es muy difícil perderse, porque todo es cuadriculado y se rige por los puntos cardinales.
Antes de concluir estas primeras impresiones, no puedo resistir comentar algunas similitudes con España. Aquí, como sabéis, la provincia de Québec, francófona y con debate independentista siempre en boga, tiene su partido (casualmente se llama Bloc, sí) que es llave en el parlamento. Los torontorianos se quejan de tener que escribir todos sus carteles y mensajes en inglés y francés, pero los de Québec sólo en francés y además controlan que sólo sea así. Asimismo, los canadienses de otras provincias reniegan de que el gobierno central canadiense, para acallar los requerimientos de los quebequenses, invierte mucho más dinero en la provincia de Québec que en el resto. ¿Os suena? En todos lados cuecen habas… menos aquí que yo sólo veo puestos de perritos y el susodicho Tim Hurtons.
Os dejo con algunas fotografías de la ciudad y sus alrededores. Espero comentarios (si es que alguien aún sigue este blog).

El centro de Toronto

Al cielo no le debe de picar nada

Chinatown

Las cataratas del Niágara de lejos

Las cataratas del Niágara muy de cerca