domingo, 17 de mayo de 2009

"Homenaje a Cataluña". Detalles que hacen pensar

Se suele decir que la última guerra romántica tuvo lugar en España de 1936 a 1939. Aquella contienda movilizó a miles de personas de todo el mundo dispuestas a luchar contra el fascismo. ¿Por qué? Para el escritor y periodista británico George Orwell “por honradez” . Mucho se ha escrito sobre aquella guerra cainita, pero pocos documentos de la época han sido tan leídos como el relato de Orwell Homenaje a Cataluña (1938), en el que cuenta su paso por España de diciembre de 1936 a junio de 1937 y reflexiona sobre todo lo que sintió durante aquellos meses de guerra civil e ideológica dentro y fuera de la trinchera.
George Orwell, cuyo nombre real era Eric Arthur Blair, llega a España con la intención de sobrevivir como periodista enviando artículos y luchar contra los reaccionarios. Ante el planteamiento (aún vigente) de que fue una “Guerra por la democracia”, Orwell afirma con rotundidad que eran “simples patrañas”, pues como explica el autor no sólo era una guerra civil, sino también una revolución. Orwell percibe esa revolución al comprobar que en la Barcelona de 1936 los obreros deciden, la industria está colectivizada y los campos pertenecen a los campesinos. La emoción que el autor siente entonces es evidente: en Barcelona “había fe en el futuro”.
Por esa fe decide marcharse al frente de Aragón con una milicia del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), formación que le marcará profundamente. George Orwell nos muestra una guerra de trincheras aburrida a la que compara con el trabajo de un oficinista, tal es su hastío. De hecho, en España sintió que su actuación fue “inútil”, pero con la perspectiva temporal que tuvo al escribir Homenaje a Cataluña (que no fue mucha, por otra parte) aquella etapa de su vida se tornó de gran importancia para él, hasta el punto de asegurar que le hizo “tener más fe en la honradez de los seres humanos”, es decir, se reafirma en lo que le movió a arriesgar su vida.
Orwell salva la vida por milímetros tras sufrir un disparo en el cuello. Su paso por el hospital y su retorno a Barcelona le permiten explicar una de las aristas menos atendidas en la Guerra Civil Española: los conflictos de mayo de 1937 en la capital condal. El autor denuncia una campaña orquestada por el gobierno de la Generalitat en manos de los comunistas del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) para acabar con los anarquistas y el POUM, en el que Orwell no milita, pero sí simpatiza y defiende. Orwell explica con sencillez la razón por la que en un mismo bando dos facciones comienzan a agredirse: los comunistas (estalinistas), dirigidos por la URSS, en coalición con la pequeña burguesía, pretendían dejar a un lado los ideales revolucionarios y centrarse en ganar la guerra contra el fascismo, y los anarquistas y poumistas (trostkistas) querían llevar la revolución proletaria hasta el final. El gobierno ilegaliza el POUM por trostkifascista y Orwell debe huir para no ser encarcelado.
El autor reserva buena parte de su relato para desmontar las tesis que se impusieron sobre la supuesta coalición del POUM y los anarquistas con Franco y Hitler para derrocar al gobierno republicano, lo cual era irrisorio dado que aquéllos estaban en el frente como todos los demás. Es reseñable la honradez de la que hace gala Orwell al reconocer su partidismo y pedirnos a los lectores que lo tengamos en cuenta junto con sus posibles errores, pues “todo el mundo escribe desde una posición”, y nos insta a tener cuidado cuando leamos otros libros sobre esta guerra civil. Este consejo es propio de un buen periodista, del que sabe que periodismo es hacer política, ya que se informa sobre unos valores y una ética que no son siempre los mismos. Por esta razón, y por la reciente sobreabundancia de libros revisionistas, es conveniente no olvidar estas palabras de Orwell.
Uno de los errores que tuvo el autor al concebir la obra y que en su segunda edición corrigió fue que en medio de su relato le dedicaba dos capítulos enteros a explicar la situación política barcelonense y toda la manipulación de la prensa. Fue un acierto convertir estos dos capítulos en dos apéndices donde se aclara todo aquello que, por no ser este un reportaje al uso, queda bastante complejo para quien no tenga unos conocimientos previos sobre esta guerra. Además, durante la narración, exceptuando esos dos capítulos, Orwell consigue aunar política y literatura, lo cual fue un verdadero logro en su época, ya que mediante efectos propios de la redacción de ficción nos transmite una realidad que si bien no fue de las más cruentas de la guerra, sí permite hacernos una idea de lo que suponía para quien luchaba en ella.
Una de las principales características de Homenaje a Cataluña es la técnica de Orwell de describir minuciosamente lo que podríamos denominar “fotografías” de su memoria que, pese a su aparente trivialidad, le hacen reflexionar posteriormente y le otorga un gran valor añadido a la narración. La imagen de un tren de heridos que se cruza con otro de soldados italianos felices por ir al frente; la mano tendida de un oficial comunista que sabe que Orwell es cercano al ilegalizado POUM; la apariencia de obrero que se impuso para entrar en Barcelona y la de burgués para poder escapar… Sin duda lo más bello de esta obra, sus detalles, la acción y la posterior reflexión. Gracias a esto Orwell suple una de las carencias de la obra: su extremado personalismo. Es cierto que es un relato personal y que su español nunca fue bueno, pero aquello que opinan los demás, aquello que le cuentan, no es incompatible con sus pensamientos, sino más enriquecedor para los lectores, quienes así podrían conocer, por ejemplo, cuáles eran las razones de su mujer para acompañarlo hasta España.
Eric Arthur Blair era antiimperialista, antifascista y antiestalinista, tal y como demostró con el POUM en España; George Orwell también. Así lo demuestra en Homenaje a Cataluña, y en sus otras dos obras maestras Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), donde aparece implícito todo lo que marcó a Blair en Cataluña: la manipulación de la realidad por parte de los estalinistas, las personas desaparecidas (como Andreu Nin, líder del POUM) o la impunidad de los que controlan y juzgan al pueblo sin leyes consensuadas. Ante todo esto una opción, la suya, la de tener fe en la honradez del hombre.
Foto: Orwell (el más alto) y su mujer en el frente del Ebro
Lee aquí Homenaje a Cataluña

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tendencioso siguiendo el hilo del blog que siempre es correcto. Instructivo para mentes poco influenciables.
En todo caso buen trabajo.
Como siempre bien desarrollado y ameno, lo que facilita la cultura popular.
Enhorabuena y que continue el blog.

moledo dijo...

Gracias. Se intentará continuar lo mejor que se pueda.