domingo, 24 de mayo de 2009

Entrevista reportajeada a Carlos Laguna, independiente, comprometido y "dando caña"

En 1973, la habitación para correctores de galeradas del periódico Mediterráneo era un mugriento gallinero al cual se accedía por una escalera angosta de peldaños estrechos. El nuevo chaval de 19 años recién contratado como corrector no se quejó lo más mínimo, a pesar de ser un cuarto al que debía subir a pulso, pues le era imposible apoyar los bastones que utilizaba para moverse. “Incluso llegué a pensar que lo hicieron aposta para que yo no subiese”, recuerda Carlos Laguna, “subía y bajaba todos los días, hacía mi trabajo lo mejor que podía y al poco tiempo vieron que era una persona productiva y por propio convencimiento las cosas cambiaron”. Los responsables del periódico sólo tuvieron que pensar en lo que les ocurriría si aquel nuevo trabajador discapacitado se caía por las escaleras.
Si aquéllos no hubieran cambiado de estancia a los correctores, Carlos Laguna habría seguido subiendo y bajando cada día y más pronto que tarde seguro que les habría exigido aquello que es justo y lógico, ya que si algo ha caracterizado su vida es que se la ha pasado luchando. Así lo hace saber su voz 36 años después, firme y clara, enfatizando sílabas y palabras, seguro de sí mismo y de lo que cuenta, que es mucho y muy variado, ya que su carrera profesional incluye desde la gerencia de un club de fútbol hasta una legislatura como diputado autonómico. “Si de todo lo que he hecho en mi vida tuviera que elegir algo sería el periodismo”, asegura no sin cierta nostalgia desde su escritorio en FSC Inserta, la asociación para el empleo y la formación de personas con discapacidad perteneciente a la Fundación ONCE. Y es que desde 1999 Carlos Laguna se ha comprometido con el sector de la discapacidad, acumulando varias presidencias y vicepresidencias en distintas asociaciones, aunque sin abandonar del todo el mundo del periodismo al que accedió por un amigo.
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