domingo, 12 de abril de 2009

"Crímenes ejemplares", el humor negro de las razones para matar

"No hay tantos crímenes como dicen, aunque sobran razones para cometerlos". Así de explícito y ácido se muestra Max Aub en las primeras líneas de su genial obra Crímenes ejemplares (1957). Antes de comenzar a reseñarla, he de agradecer de todo corazón a quien escogió esta obra y me la regaló en una edición de las más cuidadas y artesanales que han pasado por mis manos (gracias, Ali). La editorial es valenciana y se llama Media Vaca. No tienen títulos imponentes, ni grandes tiradas, pero lo suplen con imaginación en la concepción del libro y una estupenda parte gráfica. Os animo a que intentéis encontrar alguna de sus obras (la que me ocupa hoy es francamente recomendable) y las valoréis como se merecen. ¿Quién dijo que el trabajo de editor fuera secundario?
Visitad el enlace de los Crímenes ejemplares de Media Vaca y comprobaréis de qué estaba hablando.

A continuación incluiré, ya que la editorial lo permite, alguna de las páginas de esta obra y una selección de los micro-relatos que más me han llamado la atención.

"-¡Antes muerta! -me dijo. ¡Y lo único que yo quería era darle gusto!"

"Lo maté porque me dolía la cabeza. Y él venga hablar, sin parar, sin descanso, de cosas que me tenían completamente sin cuidado. La verdad, aunque me hubiesen importado. Antes miré mi reloj seis veces, descaradamente, no hizo caso. Creo que es una atenuante muy de tenerse en cuenta."

"Lo maté porque era de Vinaroz."

"Lo maté porque estaba seguro de que nadie me veía."

"Lo maté porque me dieron veinte pesos para que lo hiciera."

"Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba, parecía un insulto. Todo tiene su límite."

"¡Qué se declare en huelga ahora!"

"Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos los juguetes fuesen para ella."

Aub afirma que no hay segundas intenciones, que es "puro sentimiento", sin embargo a través de la macabra comicidad de darle voz a los verdugos para que se defiendan con argumentos de lo más variopinto descubrimos, por una parte, la sinrazón de asesinar a alguien, pero por la otra lo más básico del hombre natural, sus instintos, "puro sentimiento". Los verdugos tienen la característica institntiva de poner el "yo" por encima de la víctima y las convenciones sociales occidentales.
No obstante, tampoco es necesario pararse a meditar tanto. El libro es una joya de esas que se devoran rápidamente y rápidamente invitan a ser releídas. Un humor negro que, como tal, no siempre agrada a todo el mundo. Creo que ha quedado bastante evidente que a mí me entusiasma.
¿Por qué se le ocurrió algo así? Quizá su biografía nos pueda dar algunas vistas, de viajes, guerras y exilio.

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