martes, 3 de febrero de 2009

Santiago Grisolía: "“Una estructura como la del ADN tiene la misma belleza que cualquier figura plástica"

Una pequeña parte de esta entrevista ha sido publicada en el último número de la revista Sort, todo lo restante es inédito.

Santiago Grisolía tiene 85 años de sabiduría. Su cuerpo, su mente y sobre todo su ánimo se siguen presentando activos e incansables. El Presidente del Consell Valencià de Cultura, máximo órgano consultivo del gobierno valenciano en cuestiones culturales, se mueve con soltura por el Palacio de Forcalló, donde se encuentra la sede del organismo que preside desde 1996. “Esta casa está abierta a todos”, afirma en el jardín, para él, la joya de la sede.
Ante todo, Santiago Grisolía es un científico y si de algo está indudablemente seguro es de que la ciencia es parte de la cultura. Así lo hace saber su voz levemente engolada y suave a la que acompaña con golpes en la mesa cuya intensidad depende de la determinación de sus palabras. Sabe que se ha de mantener prudente y neutral en sus comentarios, pues así lo exige su cargo, pero cuando puede no desperdicia la oportunidad de reír o hacer reír, mientras su cuerpo de hombre alto se va escurriendo y acomodando en la silla durante el transcurso de esta entrevista.

Pregunta: ¿En qué situación se encuentra la cultura valenciana actual? Respuesta: En un momento bastante bueno porque, aparte de las muchas actividades culturales que siempre ha habido, creo que hay cada vez un interés mayor, aunque también algunos defectos. El principal es que la gente lee muy poco. Sin embargo, cada vez hay mayor número de artistas plásticos y de escritores, así que creo que estamos en un buen momento.

P: ¿Y qué papel juega el Consell Valencià de Cultura en ese buen momento? R: El Consejo Valenciano de Cultura (CVC) es un organismo muy interesante porque es el único de este tipo que existe en España. De hecho, están pensando imitarnos en otras partes y esto es buena señal. Cuando empezó, el CVC hizo cosas que eran atípicas para la mayoría de la gente, por ejemplo, afirmar que la ciencia es cultura. La primera reunión del genoma humano que se hizo en España, cuando nadie sabía lo que era el genoma, la organizó el Consell. En la actualidad seguimos desarrollando otras áreas también muy importantes.

P: Si la ciencia es cultura ¿qué relación existe entre ambas?. R: Una estructura como la del ADN tiene la misma belleza que una figura plástica cualquiera. La actuación entre ciencia y cultura es cada vez más estrecha. Se podría decir que son complementarias.

P: ¿Se preocupa la Generalitat en fomentar la cultura valenciana lo suficiente? R: Siempre nos quejamos porque es nuestra obligación [ríe], pero, por ejemplo, nuestro Presidente ha convencido al Ministro de Cultura para que ayude al Palacio de las Artes y eso está bien. Nosotros, desde el CVC, hemos escrito varias veces, también al ministro de cultura actual, sobre el Castillo de Sagunto, porque es un área verdaderamente importante. Hay una frase que se utiliza aún en Italia y que viene de cuando el castillo de Sagunto era romano y dice algo así como: “seguimos discutiendo y mientras tanto Sagunto cae”. Con esto quiero decir que hay ciertas cosas, como el Castillo de Sagunto, que a mí me gustaría que se invirtiera más. Nosotros siempre nos quejamos. Luego [después de la entrevista] tenemos una reunión de Artes, y mis compañeros se quejarán de que no hay suficientes ayudas, pero sí se van consiguiendo.

P: Según el diario Levante el año pasado (2007) el CVC celebró 111 reuniones, pero sólo recibió 6 encargos oficiales de la Generalitat, ¿no deberían contar más con ustedes? R: Esto sucede porque somos una especie de Pepito Grillo [ríe], pero sin duda alguna en cosas importantes sí se nos ha pedido opinión. En el Teatro de Sagunto se nos pidió. Sobre la lengua fueron decisivos los siete meses en los que trabajamos sobre el problema y al final se consiguió que se creara una Academia de la Lengua. También en la reunión del genoma… Sin embargo, sí nos podrían utilizar mucho mejor. Esto es una cosa curiosa porque, además de nosotros, también tenemos en la Comunidad Valenciana un Alto Consejo Consultivo de las personas que reciben el premio Jaime I y que son todos elegidas por veinte premios Nobel. Esto no existe en ninguna otra parte y al Consejo Consultivo también se les podía utilizar mejor. Ahora mismo, con toda la crisis que hay, son los mejores del mundo en economía, pues ni aquí, ni en el gobierno central se les pregunta. Es una cosa muy curiosa.

P: ¿Qué es cultura para usted? R: [Largo silencio, mientras golpea la mesa]. Hay definiciones mucho mejores que la mía, incluyendo las de Luis Vives. Cultura para mí significa estar interesado en el desarrollo del tiempo en el que vives.

P: ¿El teatro es cultura? R: Sí [golpe en la mesa].

P: ¿La música clásica? R: Sí [golpe].

P: ¿El rap? R: [Silencio] bueno… yo tengo un hijo que le da por esas cosas… pero sí, podría ser.

P: ¿El cine de Hollywood? R: Sí.

P: ¿Y la tauromaquia? R: Para mí sí, pero matizada. Por ejemplo, en vez de ser seis toros que fueran cuatro. Y a mí los picadores no me gustan.

P: ¿La moda? R: Sí y me gustaría que me invitasen y nunca me invitan.

P: Sobre todo a los desfiles femeninos… R: Los masculinos son muy feos.

P: ¿Y los graffittis? R: Algunos de ellos me gustan. Es fantástica la capacidad que tienen y es una pena que luego desaparezcan.

P: ¿La música electrónica? R: No demasiado, no.

P: ¿Los cuentacuentos? R: No me atraen mucho, pero los consideraría cultura.

P: ¿Y Educación para la Ciudadanía (EpC)? R: Pues sí, sí me parece muy bien. Es cultura.

P: Algunos miembros del CVC se han manifestado en contra de impartir EpC en inglés, ¿usted qué opina? R: [Medita unos segundos su respuesta]. Estuvo aquí Concha Gómez y lo presentó muy bien, pero en general se criticó bastante. No se ha de obligar nunca a nadie. Yo no obligaría a que se diese en una lengua, dejaría que el alumno pudiera escoger. De todas formas, creo que si hay un lenguaje que hay que aprender ése es el inglés, porque es muy rico y muy exacto.

P: ¿Es inevitable que hasta la cultura se politice? R: No debiera ser así, pero desgraciadamente sucede. Aquí es una cosa de las que intentamos evitar a toda costa [golpe fuerte]. Aquí estamos nombrados por las Cortes y tienes que estar aprobado por el ochenta por ciento de los votos, por tanto aquí intentamos ser lo más neutral posible en todo, y normalmente se consigue. Es como debe ser, pero que se politicen los temas de cultura es inevitable.

P: La lengua no se escapa de esa politización, ¿se arrepiente usted de haber firmado el Manifiesto en Defensa de la Lengua Común después de recibir tantas críticas por ello? R: Yo no he firmado nada. Vino una chica, una periodista o medioperiodista y me preguntó si estaba a favor del español y yo le dije que sí, eso es todo. [Retoma los golpes en la mesa]. La gente inventa cosas. Usted me pregunta por el inglés y le digo que me parece muy bien, y si me habla de cualquier lengua le habría dicho lo mismo. ¿Usted cree que yo como presidente del CVC voy a tomar parte en algo así? Es una tontería increíble. Yo he salido de aquí protegido por la policía, como algunos de mis compañeros durante aquellos famosos siete meses [los del debate sobre la lengua, 1997-1998] y todavía me echan monedas cuando el 9 de octubre. Este mismo año me han tirado monedas, me han llamado traidor y catalanista. Y aún tengo alguna moneda… deberían ser euros, pero son moneditas [ríe].

P: Cuando algo se declara Bien de Interés Cultural ¿es lícito pasado un tiempo negarle ese reconocimiento? R: Sí. Los criterios varían en el tiempo, como en todo. Como en ciencia o en medicina. Yo que tengo la carrera de medicina, lo que aprendí entonces no sirve para nada hoy. Todo cambia.

P: Su currículum como científico es extensísimo, ¿qué le ha hecho más feliz profesionalmente trabajar con Severo Ochoa en EE.UU., ganar el Premio Príncipe de Asturias o dirigir el Proyecto Genoma Humano de la UNESCO? R: Cuando era muy joven tuve mucha suerte y descubrí algunas cosas importantes, incluyendo algunas enzimas que tiene usted en su cuerpo. Entonces yo era bastante conocido, mucho más porque también había menos gente en ciencia. Ese momento fue muy interesante. Era mi mejor época. Y me gustaría volver a la ciencia, lo que pasa es que soy muy mayor. El momento del Genoma Humano fue crucial y muy interesante. Además, fue una de las primeras cosas que empezamos a hacer cuando nadie pensaba en ello.

P: Se decía que podía ganar el Nobel de Química, ¿aún lo espera? R: Eso ya pasó. Cuando yo tenía cuarenta años sí… siempre ha sido un sueño y sé que he estado propuesto varias veces. Pero eso no significa nada, eso pasa y se ha acabó. Ahora hay gente muy buena. Lo que pasa es que la ciencia no avanza más rápidamente porque los científicos vivimos muchos años. Te agarras a tus ideas antiguas y no dejas pasar las de los demás, aunque no estés seguro de llevar razón. Algunas veces, como por ejemplo cuando descubres una enzima, se demuestra que existe y ya está, pero cuando se trata de teorías que son más difíciles de demostrar te agarras a ellas como a un antiguo amor.

P: Hace unos meses nació un niño en el Hospital de Sevilla que había sido seleccionado genéticamente para poder salvar a su hermano, ¿son estos los frutos que se buscaban en el estudio del genoma humano? R: Eso ya tiene unas connotaciones éticas y costumbristas que son diferentes. A mí no me gusta, la verdad. El que crees una persona para salvar a otra parece una cosa muy buena, pero es un poco raro.

P: Si es para bien… R: Si fuese utilizar el cordón umbilical sí, pero si tienes que hacer después un trasplante y cosas así, se vuelve más serio. Hay cosas que no son blancas, ni negras, son grises.

P: ¿Cree que en un futuro pueden dejar de existir las enfermedades congénitas? R: Ojalá. Pero aparecerán otras. De todas formas las investigaciones médicas son categorías que, aunque yo ya no lo veré, en los próximos diez años van a dar avances fantásticos.

P: Usted siempre ha reclamado más inversión en investigación, ¿ahora con la crisis está peor la cosa? R: Invertir en investigación puede ser un remedio para la crisis. Afortunadamente, en los últimos años ha habido un cierto aumento. Se han desligado ciertos componentes del paquete llamado “investigación”. Antes se decía Investigación y Desarrollo y te metían lo que cuesta un barco de guerra, que es muchísimo dinero. Pero ahora ya se sabe qué es lo que verdaderamente va en investigación, la cual además es una obligación del estado. En tiempos de crisis todos los aspectos tecnológicos son importantes… porque no vas a salir de la crisis haciendo más pisos [ríe].

HISTORIA Y ANÉCDOTAS DE UN CIENTÍFICO
Santiago Grisolía nació en Valencia el 6 de enero de 1923. Estudió medicina en la Universidad de Valencia y se doctoró en Madrid. Dadas las dificultades de investigar en la España de posguerra, en 1949 Grisolía se fue a Estados Unidos en el mismo barco que Manolete, el torero, “que era mucho más abierto de lo que se piensa”. Allí en EE.UU. trabajó a las órdenes de Severo Ochoa en la Universidad de Nueva York, donde comenzó su faceta investigadora. En su exilio científico también tuvo oportunidad de conocer a Negrín y hasta compartió mesa con el presidente Truman. “Un día el jefe de departamento me dijo que sería interesante que conociese al presidente Truman y yo pensé que estaba de broma, sí, sí”, ríe, “tuve que pedir prestado un traje”. De aquel presidente de los EE.UU. recuerda que era muy listo, y pese a que la gente no le tenga en buena estima por su decisión de lanzar las bombas atómicas sobre Japon, Grisolía asegura “que fue el que puso firme a McArthur y los militares”. Volvió a España en 1977 como afamado investigador y desde entonces ha seguido contribuyendo a la ciencia en nuestro país. Obtuvo el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica en 1990, fue presidente del Comité Científico del Proyecto Genoma Humano de la UNESCO, preside los premios Jaume I y se le atribuyen, sin exagerar, más de treinta cargos y reconocimientos por universidades, institutos y fundaciones científicas de todo el mundo, así como más de 600 trabajos científicos publicados. Él suma y sigue.

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