lunes, 23 de febrero de 2009

Ahora desde las Cortes Valencianas

Aunque soy en parte mis palabras, no soy muy dado a usarlas para hablar de mí, sin embargo en esta entrada me apetece compartir con vosotros que hoy he emprendido una nueva etapa en mi vida y más concretamente en mi "preparación" para "ser periodista". Desde hoy, y me siento afortunado por ello, soy becario en el gabinete de prensa del principal grupo de la oposición en las Cortes Valencianas. Digo afortunado porque ser becario es a veces un horrible trance de prostitución laboral indiscriminada por el que muchos compañeros han pasado, pasan y pasarán: 300 ó 0 euros en un medio de comunicación que les contrata, en principio, para media jornada, la cual es materialmente imposible en según qué medios de comunicación; trabajos o responsabilidades tediosas y de segundo orden sin dar la oportunidad de probar lo "aprendido" en tres o cuatro años de Licenciatura de Periodismo; nulas posibilidades de continuar en el medio, pues su estrategia es siempre tener en plantilla a los baratos becarios, etc. Otras veces, las afortunadas, el futuro periodista aprende, se prueba a si mismo, mejora y conoce lo que es el mundo periodítico fuera de los cálidos muros de la cafeter... uy, perdón, de la universidad. Este caso creo que va a ser el mío, pues estoy en un ámbito del periodismo (los gabinetes de prensa) compatible con la carrera y de una importancia capital en el periodismo de hoy, me encuentro en un entorno informativo que me apasiona, y en una Oficina de Prensa en la que la gente está dispuesta a enseñar sin dar palos (metafóricos, se entiende) y donde voy a ser testigo y quizá en algún momento parte de la fragua de las noticias políticas del día.
Comento todo estoy porque creo que la comunidad universitaria y en especial los medios de comunicación o similares deberían repensar la figura del becario, que es, ni más ni menos, el meritorio del siglo XIX contra el que ya se oponían las primeras asociaciones de periodistas. No es justo que se exprima la ilusión de un estudiante para realizar el mismo trabajo -hay veces que incluso menos- que un redactor. Si esto ya existía cuando vivíamos entre vacas gordas, pensemos en la gran tentación que pueden tener ahora los dueños de los medios. ¿Qué pasará con mi generación cuando dejemos de mamar de la teta, algo sosa y desustanciada, de la Universidad? ¿Acabaremos irremediablemente de "cajeras del Mercadona" [los profesores siempre ponen el mismo ejemplo y no sabemos por qué] o de eternos becarios o periodistas en negro? La crisis de los medios, la crisis del periodismo, como dijo Tur, "ya hace tiempo que llegó y su solución no pasa, precisamente, por despedir periodistas", y yo añado, "ni exprimir estudiantes".


Dejando a un lado todo esto, como digo, estoy muy satisfecho con mi nuevo trabajo contractual (sí, sí, contractual) con el que espero curtirme y, de paso, darle algo de valor añadido a mis entradas de política. Ya me contaréis qué tal.

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