domingo, 4 de enero de 2009

Madame Bovary, novela de la infeliz ambición

Querer medrar en la vida y decidir nuestro propio camino (y/o destino) es una característica capital del sistema económico y social que impuso la burguesía a base de revoluciones y acaparamiento del poder político durante el siglo XIX. Para una mentalidad “moderna” no hay que conformarse con lo que nos toca al nacer si ello no nos complace, hay que trabajar y pelear por lo que nos reporte más felicidad. Durante el siglo XIX hubo quienes vieron el ascenso de la alta burguesía y se sentían “pequeños” ante aquéllos, les envidiaban y hacían todo lo posible por acercarse y convertirse en uno más entre ellos. Hubo también quien, al igual que hoy en día, legítima y felizmente decidía vivir lo más plácidamente posible, pero sin angustiarse por las diferencias con los que supuestamente estaban por encima suyo en el imaginario social. Charles Bovary era un médico de provincias sin mayor aspiración que vivir cada día más enamorado de su segunda mujer, Emma, Madame Bovary.
Esta obra de Gustave Flaubert pone en manifiesto esa insatisfacción pequeño-burguesa que sufría Emma y que le llevó al adulterio como vía de escape y a la destrucción total de su familia a base de deudas para comprarse lo más lujoso que llegaba de las modas parisienses. Bien es cierto que Emma por el hecho de ser mujer no tenía las mismas oportunidades de decisión que su marido, por ejemplo, a quien le resultaba indiferente las fundas de los sillones del salón. Emma no podía ir detrás de esa vida moderna de la capital que tanto ansiaba, con palco en el teatro e invitaciones a los bailes en palacios, tenía que conformarse con la vida, a su juicio, simple y aburrida que le ofrecía su marido. Su insatisfacción la llevó a enfermar varias veces y a perder el juicio hasta el punto de despreciar a sus espaldas y hundir a quien más la amaba, su familia.
Flaubert detestó el modo de vida ostentoso de los burgueses del siglo XIX y se fue a vivir a una localidad rural con su familia. Cuando publicó esta obra en 1857 tuvo problemas por atentar contra la moral, pero no fue condenado como sí fue el caso de Baudelaire.
Pese a que me ha llevado su tiempo terminarla, Madame Bovary es uno de los clásicos de los que después de siglo y medio aún se puede sacar, como se suele decir, una valiosa lección del modo en el que afrontar nuestra vida y sus circunstancias: sin el bovarismo de que lo único importante es París, ni la resignación de vivir que es un convento de clausura.

Lee la novela Madame Bovary aquí.

4 comentarios:

Julia dijo...

Finalmente lo has acabado...quizá en poco tiempo lo empiece yo. Me has animado a leerlo con esta entrada.

Un beso y Feliz año!!

moledo dijo...

Hola, Julia:
Feliz año y felices lecturas para 2009, ya que estamos.
Me alegra mucho que mi entrada te anime a dar el paso, es lo mejor que me podrías haber dicho. Siempre es enriquecedor leer grandes clásicos de la literatura, te das cuenta de que les califican así con sobradas razones -casi siempre-. Ya me contarás qué tal.
Un beso.

Anónimo dijo...

Poema Las Tentaciones De Madame Bovary de Elina Wechsler



Buscando entre heroínas antiguas,
releyendo crudos y amargos diálogos de amor y de muerte,
entreteniendo la tarde de invierno con té y viejos rencores adosados a un sueño,
así, entre mis libros de mujeres,
te encuentro.
Vuelvo a encontrarte,
hoy que todas las batallas damos por perdidas,
porque hemos triunfado en lo que se puede,
hemos abandonado dices, satisfecho, el imposible.
Lo dices cada vez que tienes ocasión de encontrar mi sonrisa prevenida,
mis pocas palabras, mis oropeles de guerra.
Lo dices cuando me alucinas
en el sueño de las calles de París de este invierno de tu otoño.
El crudo dolor de existir, repites, parafraseando a Lacan.
Escribir consuela del dolor de existir,
protege de las tentaciones de Madame Bovary.
De transformarme en tu consuelo.
De transformarme en tu consuelo.
De que queden unas pocas páginas menos para la historia,
cuando otra vez nos amemos.


Un beso,

Dunia

moledo dijo...

De nuevo, muchas gracias por traer la poesía, nunca está de más y siempre es bienvenida.
Otro beso.