miércoles, 14 de enero de 2009

El túnel, relato de la introspección

Lo cogí en Navidades porque quería leer algo ligero para sobrellevar la pesadez de los banquetes familiares y la densidad de Madame Bovary, cuán equivocado estaba. El túnel es una nouvelle, una novela corta, escrita en la primera persona más absoluta que uno se pueda imaginar.
Con todas las personas con las que he comentado esta primera novela (1948) de Ernesto Sábato (caricatura abajo) hemos coincidido en destacar su estilo narrativo por encima de la historia o cualquier otro elemento.
Juan Pablo Castel es un pintor, un pintor incomprendido que cae constantemente en la misantropía. En una exposición descubre que sólo una persona, una mujer, se ha fijado en un detalle de un cuadro suyo donde, según él, se concentra todo el sentido de su obra. Busca desesperado y encuentra, aún más desesperado, a esa mujer, María Iribarne, quien entiende por qué el pintor la busca. María le advierte de que suele hacer mal a quienes le aman, pero Juan Pablo ya está perdido y desde la primera línea de su historia confiesa haber matado a la única persona con la que logró entenderse.
Durante la narración los pensamientos, las paranoias, los celos, las elucubraciones, las hipótesis, las preguntas del pintor llegan al lector hasta desquiciarle en muchas ocasiones (he aquí la magia del relato). Los silencios de María, sus extrañas actitudes y sus vagas respuestas dan y quitan la razón a Juan Pablo quien va perdiendo el juicio entre el amor y el odio, paso a paso, con un realismo que se centra en su mente más que en el mundo de afuera.
Muy recomendable. Y dicho arriba, parece ligera, pero tiene mucha psicología esta novela, y ya sabéis, ésta nunca fue simple.

2 comentarios:

Bea dijo...

¿Hasta desquiciar al lector? Pues sí, porque había momentos en los que, ciertamente, me daban ganas de dejar de leer, no por nada, simplemente porque a veces me daba la sensación de que todos esos pensamientos tan intensos, esas paranoias y teorías tan férreamente pensadas que en un segundo se susttituían por otras más firmemente sólidas, estaban dentro de mi propia mente y me volvían loca. Por otra parte, la extraña actitud de María no me ayudaba a diferenciar mis pensamientos de los de Juan Pablo, que durante la lectura se hallaban entremezclados con los míos hasta un punto inimaginable.
Pero a pesar de todo, he de decir que me ha gustado mucho leer esta"pequeña novela", la cuál he devorado en menos de dos horas (cuando me sumerjo en una historia de este calibre no hay quien me saque hasta que no la termino).

Y, bueno, por último pero no menos importante, quería decirte, Alex, después de tanto tiempo que me llevas diciendo que escriba en tu blog y nunca lo hago, que me encanta tu blog, y que te animo a que sigas escribiendo y publicando tanto y tan bien como hasta la fecha.
Un abrazo fuerte.
Bea

moledo dijo...

Hola, Bea:
Me alegro mucho de que El Túnel también te haya llegado tan adentro. Para mí ésta es la magia de la literatura, que un puñado de letras consigan transmitirte tanto. Seguiremos leyendo.
Gracias por tus ánimos y por tu buena opinión sobre este blog. Me ha hecho mucha ilusión que por fin te animaras a escribir.
Un beso.