jueves, 6 de noviembre de 2008

La ilusión de allá y el desencanto de acá

Decía Antonio Martínez esta mañana en la Cadena SER que hoy las noticias se quedaban en la cama. ¿Para qué salir si hoy hasta en los deportes (llamémosles fútbol) se habla de Obama?
Yes, we could, podrían decir ahora creando así una postcampaña de otros veinte meses para mantener la ilusión viva. Junto con el adjetivo “histórico” es la palabra más relacionada con el triunfo de Obama, lo cual es completamente cierto y comprensible. Lo de histórico es fácil de aprehender, pero que la ilusión que ha trasmitido este candidato demócrata haya traspasado sus propias fronteras y haya llegado a esperanzar a muchísimas personas del resto del mundo, (algunos incluso se habrán emocionado más por ésta que por sus propias elecciones) a mí, por lo menos, me da envidia -sana, se entiende-.
En tiempos de vacas hipotecadas que suben el IPC es verdaderamente asombroso que la gente se involucre emocionalmente en elecciones que no son las suyas, si bien es cierto que siempre le haremos mucho caso a las elecciones del país que “gobierna” el mundo y que, en esta ocasión, además, se tenga en tan buena estima a un político. Ojalá haya un cambio de verdad, pero soy bastante escéptico en cuanto a Obama y el resto de dirigentes de los países desarrollados que han creado otra crisis internacional, esta vez económica. Si el próximo presidente de EE.UU. consigue crear un orden internacional justo, con reglas que respeten a todos los humanos y sus derechos, entonces tendrá un incondicional más.
Digo que soy escéptico, pero también me he involucrado mucho más que de costumbre en estas elecciones estadounidenses. Y es que Obama y su equipo han hecho posiblemente una de las mejores campañas de la historia política democrática. Por eso envidio a los estadounidenses, por eso y porque inevitablemente comparé su calidad política con la que ronda por la Comunidad Valenciana y España después de leer El Mundo del domingo pasado.






Atención a este grupo de noticias deprimentes que venían seguidas en el diario (no dejo los enlaces porque Pedro J. no me deja): “La Asamblea de Extremadura se gasta más de 300.000 euros en el despacho de Ibarra”; después el reportaje “De las corbatas de seda a las mariscadas”, en el que se presenta una lista de los despilfarros que hacen nuestros políticos en tiempos de crisis (sobre el titular: Fabra se gastó 85.000 € en corbatas), y en la página siguiente “Montilla se sube el sueldo un 1,2 % y lo justifica en el IPC de este año”, con lo cual gana anualmente 169.000 euros aprox., mientras que Zapatero gana 91.000. Pero por si fuera poco, cuando llego a las páginas de Comunidad Valenciana me encuentro con otra recopilación de datos humillantes: “Una veintena de casos abiertos contra cargos públicos en la Comunidad”, una página completa de presuntos delincuentes. ¿Se puede llegar a tener tanta ilusión por algún político de por aquí? Ni siquiera los candidatos a nivel nacional llegan a un cinco sobre diez en las encuestas.
Pese a todo, por muy emocionados que estemos con Obama y muy desencantados con los nuestros, a mí no me gustaría que mi país tuviera cárceles ilegales en otros países, proliferaran las armas de ir por casa y existiera la pena de muerte, por citar los peores símbolos de EE.UU., por muy bueno, eficaz y carismático que sea el presidente. Como España, Estados Unidos tiene puntos muy positivos y otros muy negativos, pero en políticos y campañas, hoy por hoy, nos ganan de calle.
PD. Evidentemente, Bush es la excepción

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