domingo, 16 de noviembre de 2008

La ciudad y los perros, historias enredadas por la violencia

Este verano pasado que, ahora que lo pienso, ya queda algo lejano, como siempre, he leído menos de lo que me había propuesto. Mientras viajaba me centré en la primera parte de la trilogía biográfica de Arturo Barea, La forja de un rebelde, que ya reseñaré cuando consiga las otras dos partes. Por el tercio de opinión que puedo manifestar, es un buen libro, muy interesante para conocer la España de principios de siglo, pero lo empecé con demasiadas expectativas y me quedé con ganas de más, aunque, por otra parte es lógico, pues no pasé de la adolescencia de Barea, La forja.
Después me recomendaron La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, novela complicada, dura y con esa redacción latinoamericana tan rica de la que el escritor peruano es uno de los principales adalides. El lector se ve inmerso en un escenario hostil y asquerosamente violento: un colegio militar, donde se destruyen las infancias que llegan a base de golpes. Los "perros", que así se llaman los del primer año, son "bautizados" por los de mayor rango a quienes deben respetar sí o sí. El crítico rechazo a la violencia como modo de afrontar la maduración de la infancia y, en definitiva, la posterior vida en sociedad es manifiesto en el relato, no obstante creo que el autor no pretende en ningún momento demonizar al Ejército como institución, ya que lo deja bien parado con el personaje del teniente Gamboa, prototipo del militar disciplinado, con honor y sentido del deber.
En este contexto, Vargas Llosa nos presenta numerosos personajes a quienes va mostrando a retales temporales acaecidos fuera y dentro del colegio Leoncio Prado, de modo que quien lee se pierde entre nombres, apodos, presente y pasado de las múltiples historias que se presentan. El !Poeta", el "Esclavo", el "Jaguar", el "Boa", Teresita, la vicuña, la Malpapeada o el Teniente Gamboa están presentes en un gran nudo en el que a veces no sabes quién ha hecho qué o por qué, pero cuyo desenlace, mágicamente, sorprende y aclara todo dejando al lector con la sensación de haberlo conocido todo. Quizá es esta maestría narrativa la que más me atrapó, confundió y agradó a fin de cuentas.
Ahora soy yo quien recomienda leerlo.

1 comentario:

c1elqv dijo...

Dios!!! Moledo, tanta coincidencia no es normal... ¿sabes quién tuvo esos dos mismos libros en la mesilla este verano pasado? (Finalmente, no pude leerlos y volvieron (sanos y salvos) a la biblioteca).
Por cierto, quedé en pasarte los datos del libro con fragmentos de la pasada Valencia republicana: "Precisamente yo", Erika Mann, edita Minúscula.
Un abrazo,