viernes, 4 de julio de 2008

La conjura de los necios: genial novela de personajes

Como diría Ignatius J. Reilly, la diosa Fortuna me está catapultando en uno de sus ciclos hacia arriba en lo referente a la literatura. Escribo esto porque últimamente he tenido la suerte de leer libros totalmente dispares, pero que han dejado, cada uno de ellos, una huella muy importante en mí. Acabo de terminar La conjura de los necios, una novela que he de calificar de genial, en especial por su inabarcable originalidad. Es de esas originalidades que nos llevan a los extremos del "o te gusta o no te gusta".
Antes de comentar lo que me ha suscitado la novela, creo que es imprescindible hablar de su autor, John Kennedy Toole, quien intentó publicar su novela, para él una obra maestra, pero sin éxito, por lo que se deprimió y acabó colocando el extremo de una manguera de jardín en el tubo de escape de su coche y el otro extremo en el interior del mismo. Tras su muerte, su madre encontró La conjura de los necios escrita a mano en un cuaderno e insistió lo indecible hasta que alguien, Walker Percy (más tarde prologuista de la novela), se dignó a leerla y se dio cuenta entre carcajada y carcajada de que efectivamente sí era una obra maestra. Al año siguiente, 1981, La conjura de los necios ganó el premio Pulitzer y el de mejor novela extranjera en Francia.
La acción de la novela se desarrolla en Nueva Orleáns a mediados de siglo XX. Como pone arriba, esta es una novela de personajes, cada uno con su magia y su gancho, de entre los cuales, Ignatius Jacks Reilly es el personaje de personajes (como lo es Don Quijote en la literatura hispana). Reitero que es una novela hecha de personajes, porque la acción queda en un segundo plano ante la brillantez del perfilado de estos. Ignatius Reilly es un hombre que pasa de los treinta y vive con su madre (esclavizada), comiendo, durmiendo y escribiendo una futura gran obra que, como la de Boecio, cambiará las actitudes de los hombres. Para Ignatius el mundo se debe juzgar sobre cuatro pilares: la teología, la geometría, el buen gusto y la decencia. El siglo XX es una continua blasfemia a los buenos valores del medievo a los que, en la particular opinión de Ignatius, habría que volver. Además de él destaca una especie de novia que tiene la visión más radicalmente antagónica a la de Ignatius, Myrna Minkoff, y con la que mantiene una relación de amor/odio por correspondencia. Ignatius sale de la burbuja de su cuarto, por el designio de la ramera Fortuna que le empuja a hacerlo, y se ha de enfrentar al mundo exterior y al laboral, por donde aparecen gays alocadas y lesbianas violentas, chicas de la noche, policías tarugos, un abuelo fascista, una mujer senil, marujas… pero personalmente me quedo con el negro Jones, a quien el autor le atribuye una forma de hablar muy cómica con la que ironiza hasta extremos insospechados. Y es precisamente esto lo que hace a la novela tan atractiva, porque de verdad ríes con el texto, pero a la vez posee una crítica muy ácida a la sociedad moderna y a los distintos roles en los que nos movemos por ella.
Ahora que intento sintetizarla me doy cuenta de que es difícil resumir todo lo que transmite esta novela: muchas historias y muchos personajes que se entrecruzan en el mundo de Ignatius J. Reilly de una manera genial. Kennedy Toole dejó una puerta abierta a futuras historias de Ignatius (y su alterable válvula pilórica), pero por desgracia el mundo no llegó a tiempo y el autor no supo/no pudo esperar. De modo que sólo nos queda releer y disfrutar esta cómica y ácida novela y visitar la estatua de Ignatius a las puertas del D. H. Holmes, centro comercial donde comienza su historia, mientras esperaba a que su madre le comprara dulces.



Para entender mejor las perversiones y blasfemias de nuestro siglo os recomiendo que visitéis los blogs de Ignatius: delmundolomasinmundo y valvulapilorica.

miércoles, 2 de julio de 2008

Befesa en Zimapán

El texto siguiente ha sido extraído del blog Todos somos Zimapan:
"El municipio de Zimapán se encuentra una vez más en riesgo de ser reprimido: 200 elementos de la Policía Federal Preventiva están ya concentrados en el cuartel y haciendo rondines por sus calles. El objetivo que persiguen es intimidar y amedrentar a la población, para socavar la oposición que existe en contra del proyecto de la empresa española Befesa de abrir la planta de confinamiento de desechos tóxicos y peligrosos (...), la cual tendrá una capacidad para recibir 20 mil toneladas de residuos peligrosos al año, y por cada tonelada recibirá un pago de 3 mil a 4 mil dólares, lo que significa 800 millones de pesos al año. En comparación con los 10 mil pesos que le piensan pagar a los ejidatarios por sus parcelas, sus ganancias son groseramente millonarias; los 20 empleos que generan, una ofensa; el daño que le harán al medio ambiente, irreversible; el envenenamiento de los mantos freáticos generará enfermedades incurables y mortales, además de los riesgos de accidentes, por el camino sinuoso y ascendente que presenta la geografía de los montes en Zimapán, la cual es zona sísmica. No está de más decir que han violado el artículo 4 constitucional, que da derecho a los ciudadanos a un medio ambiente sano, y la Ley de Transparencia: las fracciones X, XII y XVI del artículo 7 y el artículo 10 de la misma. Por ello, hacemos responsable a Miguel Ángel Chong y al gobierno federal de cualquier agresión, represión o atentado que sufran nuestros compañeros de Zimapán, y exigimos el alto a la apertura de esta planta."
Esto es lo que dice la plataforma social Todos somos Zimapán, aunque según también informa El Universal, en una noticia que recomiendo leer entera, no sólo son los motivos ecológicos los que llevan a rechazar la planta de Befesa, sino también (como no) económicos:

"el problema con Todos Somos Zimapán, es su dirigente, Lozano, propietario de una gasolinera, quien enfrenta un conflicto de intereses debido a que trabaja para la empresa Gigantes Ecológicos de Tula, una filial de Residuos Industriales Multiquim (RIMSA), perteneciente al grupo internacional Veolia Environnement, líder mundial en el manejo de residuos tóxicos. (...) Lozano perdería dinero con la instalación de la planta de Befesa, ya que se dedica a prestar servicios a RIMSA para trasladar lodos tóxicos y la firma española controlaría el mercado del sector."

Como es habitual, los intereses se entrecruzan y la manipulación por unos y por otros es factible, sin embargo, los hechos son los hechos y son los que debemos tener en cuenta en última instancia:

"un estudio elaborado por el Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad Autónoma de Hidalgo reveló que el sitio del confinamiento está sobre una corriente de agua intermitente, además de que se encuentra a menos de cinco kilómetros de 25 comunidades indígenas, cada una de ellas con 600 habitantes." Texto también extraído de la noticia de El Universal.
Por otra parte, tampoco se comenta demasiado en los medios de comunicación españoles que en México el gobierno de Calderón tiene pensado privatizar PEMEX, la empresa nacional del petróleo y que una de las multinacionales que se encargarán de la explotación petrolífera del país será nuestra Repsol-YPF. Quizá por eso (quizá, quizá) el primer presidente que felicitó a Calderón por su victoria cuando aún se barajaban ciertos fraudes electorales fue nuestro presidente ZP. La foto que sigue es de una de tantas manifestaciones en contra de la privatización de PEMEX. Parece que son más de dos.


Tanto el de Befesa como el de Repsol son casos en los que empresas españolas aprovechan sus "potencialidades" para instalarse en un país que no es el suyo (no hay fronteras ni países para esto), con el beneplácito de los dirigentes que no es siempre el del pueblo, ni el de la Ley como hemos visto. Nuestras empresas explotan recursos y tratan residuos no sólo en México, en otros muchos países de Latinoamérica y de África ocurre lo mismo. Para que haya un diálogo de civilizaciones primero debería existir un marco legal y democrático en el que podamos dialogar a un mismo nivel. A nivel económico y global el mundo parece una fábrica de principios de siglo XIX, con unos países-patrones que pueden hacer y deshacer a su antojo y unos países-obreros que no tienen derechos fundamentales ni otra salida que aceptar lo que les venga impuesto por dirigentes corruptos y por empresas foráneas.
Por finalizar esta extensa entrada con algo de esperanza, hay que reconocer que la globalización que elimina fronteras para el capital y la inversión, también lo hace para la información, por lo que ese diálogo entre civilizaciones ya se está empezando a dar poco a poco y puede que nos lleve a una concienciación general que cree ese marco legal y lógico que necesita este mundo "desbocado".