viernes, 20 de junio de 2008

Un invierno en Kandahar: viajes a Afganistán antes de su destrucción

Hay momentos mágicos que sólo se pueden vivir con un libro entre las manos. Son instantes en los que sientes que esa lectura es justo lo que necesitas. Además de los beneficios culturales y formativos, si acogemos un libro en el lugar y el momento precisos, sus efectos pueden llegar a ser incluso saludables. Quizás para muchos los traqueteantes viajes de los autobuses municipales valencianos, a fines de un mayo oscuro y lluvioso, no son el mejor momento para ponerse a leer, pero si se tiene en cuenta que el destino del trayecto es la presentación de algún trabajo o algún examen final para el cual has dedicado todo tu tiempo, (pues, como todo(s) te lo dejas para el final), la evasión de la lectura es un soplo de aire fresco en un espíritu angustiado por el mes “de auto-opresión” al que se ha sometido. En mi caso, durante los 40 minutos que enlazan mi casa con la universidad y viceversa me escapaba del autobús y las preocupaciones en las que me hallaba para hacer una de las cosas que más me gustan, pero que menos se pueden hacer en época de exámenes: viajar, ¿a dónde? A Afganistán, de la mano de Ana María Briongos y su libro Un invierno en Kandahar.
Su autora, con 22 años, se lanzó como tantos otros jóvenes idealistas en 1968 al camino hacia Oriente, hacia la India… como los Beatles, pero ella, en su relato se aprecia con total claridad, va más allá de esa estética hippie con la que arranca su viaje, o en otras palabras, llega a lo más profundo de la sociedad de un país que la enamoró desde el principio. Lo que Ana María Briongos deja patente en cada una de las experiencias que cuenta en su cuaderno de viajes es que Afganistán, antes de los rusos y los talibanes, era el país de las sorpresas, de los misterios, de las preguntas sin respuesta, en el que tenías que abrir tu mente a lo que viniera, a lo que fuera. La viajera recorre el país con la mentalidad adecuada, con ganas de vivir y verlo todo para disfrutar y conocer Afganistán y sus gentes. Esto se nota en la sensibilidad, la pasión y la sinceridad con la que cuenta su viaje, en esos detalles que sólo una persona verdaderamente receptiva puede preservar intactos cuarenta años después.
Recomendaría a todo aquel que le guste viajar que lo haga a través de este libro, ya que podrá disfrutar del Afganistán que ya no existe, que se perdió por unos y por otros radicales y que está aún por reconstruir. De Un invierno en Kandahar destacaría el viaje a la provincia de Hazarajat, pasando por el valle de Bamyan, donde Ana María pudo contemplar aquellos dos budas de 55 y 37 metros esculpidos en la propia roca que los talibanes dinamitaron en 2001 (y que tenéis a la izquierda en una foto de archivo). Fueron al campamento de verano de Ayub Jan, en esta zona central del país, donde un jinete hazara la cogió al galope, la montó en la grupa de su caballo y la llevó por la estepa ondulada a toda velocidad. Ese hombre amigo suyo tuvo que emigrar, como muchos otros, a Estados Unidos y casi treinta años después de aquella galopada, repartía leche en un barrio de Washington D.C. La autora muy acertada escribe: “dudo que sepan que quien deja a diario la botella de leche en sus puertas es ese poderoso jinete de antaño, tesoro de experiencias acumuladas, porque si lo supieran quizá más de uno se sentaría en el umbral a esperarlo, aunque llovieran chuzos, para tener la oportunidad de intercambiar con él sabias palabras”.
Tuvimos el placer de conocer a Ana María Briongos, en julio del año pasado, en un ciclo de seminarios de la Universidad Internacional de verano de Guardamar del Segura. En aquella ocasión, Ana María contó sus experiencias por la India, Irán y Afganistán, sus tres países predilectos, en los que ha estudiado, trabajado y vivido muchos años, cada cual en su momento y lo que pudo. La pasión con la que cuenta sus experiencias es contagiosa y, por lo menos a mí, me creó una cierta envidia que he vuelto a sentir al leer su cuaderno de viajes por aquel Afganistán. ¿Se pueden hacer hoy en día, con el control, la seguridad y los odios que imperan por doquier, viajes tan “a la aventura” como los que relata Ana María Briongos? No sería sincero si no dijera que lo que de verdad envidio es el valor que tuvo ella para buscarlos y la suerte que tuvo al encontrarlos.
Pese a que terminé Un invierno en Kandahar a mitad de este lapso caótico y apremiante en el que vivimos los universitarios a finales de mayo, durante junio (y algunos desafortunados también principios de julio), he querido esperar hasta tener una noche de tranquilidad para ponerme a recordar mi viaje por Afganistán a través de la sensibilidad de Ana María Briongos y, desde aquí, darle las gracias por publicar sus experiencias y, con humor, echarle en cara el complejo de anorexia con el que ha dejado a mi paupérrimo libro de viajes.
Si os interesa conocer a Ana María Briongos aquí tenéis su web y su blog.

10 comentarios:

pasionviajera dijo...

Soy Ana María briongos, la autora de "Un invierno en Kandahar". Primero te doy las gracias por haber leído y haber escrito este comentario tan estupendo. Los años han pasado desde que viví aquellas aventuras y también estén pasando desde que escribí el libro. Hoy ya no hay budas en Bamyan, el señor de las estepas convertido en vendedor de leche en Washington D.C. ya ha fallecido. También murió el año pasado en kabul, el que fuera rey de Afganistán. Y sigue el conflicto.

moledo dijo...

Hola, Ana María, gracias a ti por dejar tu comentario. Es sin duda una tragedia lo que ha pasado y está pasando en Afganistán. Esperemos que esos cincuenta años de reconstrucción que necesita el país, y que ojalá sean muchos menos, consigan devolver parte de las esencias afganas que relatas en tu libro.

enzo dijo...

Aún no he leído el libro, pero lo hare en cuando llegue a España, será interesante cotejar la sociedad de aquellos años con la actual.
Jodhafes Ana y Jodhafes Moledo ( es fonetico, disculpar mi ausencia de ortografia en Darí)

Un abrazo a los dos

desde kabul Enzo155

Ana M. Briongos dijo...

Enzo. Me gustará comentar contigo el libro y tu experiencia en Afganistán. Un abrazo, Ana Briongos.

moledo dijo...

Amigos, gracias por vuestros comentarios. He de decir que me alegro muchísimo de que os encontréis por aquí y de que podáis compartir vuestras respectivas experiencias en Afganistan. Vuestra visión del país es importantísima para entenderlo y así poder ayudarle a salir de esa crisis en la que está sumido y ojalá termine pronto.
Enzo, nos leemos.
Ana, aún te debo una visita.
Un abrazo!

enzo dijo...

Ante todo encantado de comunicarme con los dos, llevo viviendo en kabul, unos nueve meses, y dia a dia me estoy enamorando de este Pais, aunque mis salidas cada vez estan mas limitadas, no obstante en breve marcho para España, y podre adquirir el libro, y posteriormente podremos cambiar impresiones.-
Gracias a los dos
Enzo155

enzo dijo...

Perdonar, se me olvido deciros que tengo un blog, en el que cuento historias , por si quereis echarle un vistazo y ver las fotografias que hay
la direccion es http://desdekabul.blogspot.com/
Me encantaria que lo visitarais
Enzo155

enzo dijo...

hola Ana y Moledo , comentaros que ya estoy en Madrid por unos dias , he intentado comprar el libro en varios sitios y no lo he encontrado, si es posible, indicame algun sitio donde pueda adquirilo. gracias

Ana M. Briongos dijo...

Hola Enzo, puedes encontrar el libro en De Viaje de Serrano 41, creo que allí lo tienen, el teléfono es el 91 577 98 99, pregunta por Santos y que te lo confirme. Si no tienen dímelo y miraré de solucionarlo. Me gusta tu blog, voy a hacerme seguidora y a poner un enlace con mi blog pasionviajera.

Moledo, sí me debes una visita...

Saludos a los dos.

enzo dijo...

Ana, me ha encantado el libro, he disfrutado con el, como un autentico cosaco, muchas gracias por la narracion y por la cantidad de datos que aportas.
Aquellas gentes, aquella epoca en estas tierras sin duda debio ser apasionante.
El Kabul de hoy es muy distinto, esta ciudad ha crecido enormemente, y es un caos total en cuestiones de trafico, todavia , sigue habiendo los puestos de carne a la brasa, que como dices esta riquisima, y los zapateros arreglando en la calle los zapatos, y haasta los cerrajeros, fabricando con cobre derretido las llaves de las casas.
La pena es que hay gran cantidad de gente armada , mucha pobreza y ultimamente demasiadas muertes que por desgracia no se anuncian en los medios de comunicacion , al menos en España
Un abrazo Moledo y otro para ti Ana, repito me ha encantado tu libro