domingo, 18 de mayo de 2008

Otra manera de cambiar el mundo

Ayer El País publicó un reportaje muy recomendable titulado Activismo en los púlpitos del poder económico.
La mayoría de la opinión pública cuando habla de ONG piensa en un grupo de personas muy comprometidas que se dejan la piel por enviar comida, dinero y ayuda de cualquier tipo para crear escuelas, comedores, granjas y talleres en los países del Tercer Mundo. Lo que a pocos se les ocurriría es pensar que las ONG pudieran luchar y ayudar desde las juntas de accionistas de las grandes empresas como Repsol YPF, BBVA, Inditex y otras. (En la foto: Dolores López de Intermon Oxfam ante la junta de accionistas de Repsol YPF)

El libre mercado ha creado un sistema abierto a todo aquel que tenga dinero, pero al mismo tiempo se ha procurado un búnker que le protege de las piedras físicas y éticas que le lanzan los desposeídos con toda la verdad sobre sus hombros. Al no existir una regulación internacional, las grandes corporaciones se preocupan de ser competitivas aprovechando su posición dominante. Los países pobres, mientras tanto, ven cómo sus recursos naturales son miles de veces más baratos que los mismos en países del Norte y cómo la vida de sus gentes tiene menos derechos que la de un occidental. Todo esto, pese a que suene a discurso ya muy manido, es cierto y conviene no olvidarlo.
Algunas ONG han visto que su acción de tirar piedras o principios contra las grandes empresas no sirve de nada y han optado por comprar acciones y arrojarlas en las juntas de accionistas. En el reportaje queda patente que hay gente que piensa que esto no sirve de nada, que las empresas dicen aquello de "tomaremos buena nota" pero luego se queda en papel mojado. Otros piensan que así se va avanzando en la implantación de responsabilidades sociales corporativas. Hay de todo en la viña del capitalismo global. Lo que sí es cierto es que el que tiene más acciones decide, y si quiere ningunear derechos humanos por ganar más dinero no se puede hacer nada (que esté dentro de la legalidad de la ilegalidad comercial en la que vivimos). Por tanto, además de seguir luchando a pie de favela, una labor que deben emprender las ONG y todo aquel preocupado por el mundo es conseguir que los accionistas del Norte se conciencien de que tienen muchas vidas en sus manos. Así, si de 0,06% en Repsol YPF las ONG+personas concienciadas suman el 51% del capital total de la transnacional, ésta se convertirá en una empresa con las manos limpias. Y no sólo es esta empresa, hay que estar en todas, porque el hecho de ser respetuosos con la vida y el Tercer Mundo actualmente implica no ser competitivo -obvio-.Si nadie quiere asumir una normativización del capitalismo global lo debemos de crear desde dentro. Al menos intentarlo.

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