viernes, 23 de mayo de 2008

Ensayo sobre la ceguera: duro, pero fundamental

Al terminar la película el director miró con preocupación al escritor. Estaba más preocupado por su opinión que por lo que pensara la alta alcurnia cineasta a la que unos días antes había mostrado su cinta, la que inauguró la 61ª edición de uno de los festivales de cine más importantes. Después de unos segundos el escritor se giró hacia el director sentado a su lado y le dijo, Me siento tan feliz ahora como cuando acabé de escribir Ensayo sobre la ceguera. El director Fernando Meirelles, quien lo contó a la prensa, se quitó “todo el peso del mundo” de sus hombros y no pudo reprimir las ganas de besar en la cabeza al Nobel de Literatura (1998) José Saramago (foto), tal fue su alivio. Y no era para menos, pues una novela que tan profundo toca la conciencia de quien la lee tiene difícil su adaptación al cine.
Ensayo sobre la ceguera es con total seguridad una de las novelas mejores y más duras del escritor portugués. El argumento narra las consecuencias de una epidemia de ceguera blanca que acaba por transformar a todos los hombres en invidentes. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? Estas preguntas no interesan al autor. De hecho, lo que hace que esta novela se desvincule de la literatura de ciencia ficción es precisamente su carencia de explicaciones y concreciones, superficiales para el propósito de la historia. Saramago no se preocupa en legitimar la aparición de la ceguera blanca a causa de algún virus o cualquier otra razón. La introducción y el desenlace son insustanciales en esta novela, lo relevante es el nudo, el fondo, los personajes, la reflexión.
El relato posee una angustiosa crudeza emanada de lo más hondo de la naturaleza del ser humano: su egoísmo, su vileza y su instinto de supervivencia animal, los ciegos más fuertes, más hábiles o con más suerte son los que sobreviven. Sin embargo, la historia también ofrece pequeñas dosis de bondad, de amor y de valentía para preservar algo de humanidad en medio del caos destructor de un mundo de ciegos. Lo más bajo y lo más alto de los hombres al borde del abismo.
A simple vista y pese al estilo ágil de la redacción, el texto de Saramago se caracteriza por su densidad. Párrafos que ocupan páginas enteras por los que, además, aparecen diálogos indirectos precedidos por una coma (seguida de mayúscula) pueden hacer que el lector se eche atrás. No obstante, si comienza su lectura se verá inmerso en el relato fácilmente, pues el autor, pródigo en la acción continua, hará que la imaginación vuele libre hasta sus últimas consecuencias. Para ello no precisa de nombres ni lugares concretos, al igual que la razón que dejó a todos ciegos, ¿de qué serviría saberlos? Lo más lúcido de este Ensayo sobre la ceguera son sus reflexiones, sus metáforas –algunas análogas a otras obras del autor–, sus símbolos y, sobre todo, sus incisos, cortos y muy a menudo irónicos, en los que analiza costumbres, expresiones y pensamientos de la sociedad moderna.Una obra apasionante, dura, pero fundamental, de las que no dejan indiferente a nadie, ya que, en Ensayo sobre la ceguera, José Saramago les cierra los ojos a los hombres para abrírnoslos a nosotros y poder ver cómo somos. A partir de ahí que cada cual decida si existe esperanza para la humanidad o no.

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