martes, 6 de mayo de 2008

"Arroz y tartana", retrato de los valencianos de fines del siglo XIX


Arroz y tartana es, junto con La Barraca, la novela más conocida y citada de Vicente Blasco Ibáñez (foto). Esta novela fue publicada por entregas en 1894 en el periódico republicano El Pueblo que dirigió y catapultó política y literariamente a Blasco Ibáñez. Se trata de una novela costumbrista que narra las peripecias y los trances por los que pasa una familia burguesa por mantener el honor y el nivel de la familia, es decir, por pasear por Valencia en tartana en casa sólo comen arroz.

Blasco Ibáñez critica en su novela los lujos y la vanidad de las personas obcecadas en la ostentación y el aparentar ser más de lo que son. Lamentablemente esto hoy en día se sigue dando, la diferencia estriba en que a los que a finales del siglo XIX los burgueses llamaban despectivamente "cursis", ahora son "cutres", "rancios" o "pasados de moda", mientras que ellos, los burgueses, las personas "con clase", ahora son las "cool" y otros nombres ridículos que se ponen ellos mismos. Lo curioso es que cuando Blasco Ibáñez se mudó a Madrid, él era un bon vivant más que en las cartas a su editor siempre le estaba pidiendo adelantos o unos durillos para seguir tirando de la fiesta de la capital.

Literariamente la novela no es que ofrezca una altísima calidad (quizá me esperaba más), lo que sí que aporta, y es una gozada disfrutar de ello, son las fotografías exteriores e interiores de los valencianos y la Valencia de finales del siglo XIX. Cuando uno lee la descripción de la plaza del Mercado Central, la de las callejuelas del Barrio del Carmen, la Alameda, Burjassot... es más fácil y más emocionante introducirse de lleno en el escenario de la obra. Lo mismo ocurre con la actitud de los valencianos, tan festivos, tan aficionados al fuego y la pólvora, tan proclives a vestirse de gala. Actualmente no es que me emocione ver arder una falla, de hecho ni voy, pero quizá sí asistiría si el espectáculo fuera tan popular como describe Blasco Ibáñez: la falla, unos chiquillos tocando unos instrumentos a modo de orquesta que representan el gobierno y a su director, Sagasta. La gente no se gastaba 600.000 euros o más en prepararlas, sino que se reían de ver parodiado y quemado a su gobierno en un grupo de muñecos andrajosos, y al subirles el vino y los ideales republicanos/democráticos comenzaban a cantar la Marsellesa. Hoy tenemos más vino y mejores "monumentos", ideales y sátira ninguna.

La novela tiene varios clímax muy representativos, como por ejemplo cuando muere el único caballo de la familia, y al no poseer otro ni dinero para pagarlo, la familia le llora como si fuera el ser más querido del mundo. Pero si lo que queréis es una pequeña muestra representativa, leed el primer capítulo en el que se describe la Plaza del Mercado y los principales protagonistas (y roles) de la historia. Lo tenéis muy fácil, tan sólo entrad en el vínculo de Arroz y tartana o en el de La Barraca y por cortesía de Santa Wikisource tendréis las novelas completas a vuestra disposición.

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