miércoles, 3 de octubre de 2012

Cuestión de anécdotas

Hoy se producirá el primer debate entre Barack Obama y Mitt Romney. Como dijo Pedro Arriola, los debates electorales son como los combates de boxeo: no suelen ganarse por K.O. sino por puntos y se recuerdan más por la anécdota que por el contenido o el vencedor. Pensemos en nuestros últimos casos: tenemos el del “programa oculto”, el de “buenas noches y buena suerte”, el de “la niña de Rajoy”... En EE.UU. “la anécdota” ha pesado en muchas ocasiones para decantar un debate, e incluso la tendencia de una campaña, tanto para bien, como para mal. Basta echar un vistazo a este artículo del diario Politico y sobre todo al vídeo que lo acompaña para darse cuenta que la espontaneidad, las meteduras de pata, la comunicación no verbal, los actos involuntarios, los descuidos, los despistes, la actitud... tienen tanto peso o más que las propuestas de gobierno.


Los debates ayudan más a quien está en la oposición y son un escaparate perfecto para sorprender (descolocar) al adversario y marcar la agenda mediática de los siguientes días de campaña. Por esta razón, teniendo en cuenta que Mitt Romney está, ahora sí, constantemente por debajo en las encuestas y que desperdició la oportunidad de dar un golpe de efecto a su campaña (game change) con la elección del candidato a vicepresidente, se juega mucho en este debate. Pese a que se ha curtido a fondo durante las prolongadas primarias republicanas, tiene ante sí a un gran orador que telegénicamente ya le supera. Romney lo sabe y no es de extrañar que hoy se emplee a fondo en que la anécdota esté de su lado. Veremos.

PD. Para los más entendidos, aquí tenéis un test sobre esas anécdotas que han marcado los debates electorales en EE.UU.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

¡No menosprecies a los votantes, estúpido!


Parece de sentido común, pero políticos de todo rango y condición caen. Desde alcaldes de pueblo hasta Mitt Romney, quien en un discurso ante su público más fiel declaró que “hay un 47% de votantes que respaldarán al presidente, pase lo que pase. Están con él, dependen del Gobierno, piensan que son víctimas y además creen que el Gobierno tiene la responsabilidad de cuidar de ellos”. Esta afirmación se suma al resto de patinazos mediáticos que han marcado la imagen de candidato adinerado, alejado de los problemas de la gente corriente. Sin embargo, dar a entender que el 47 % de los estadounidenses son vagos y dependientes del Gobierno es especialmente grave en el país que se enorgullece de ser una tierra de oportunidades donde la gente puede hacerse a sí misma y triunfar. Obama ya se frota las manos.


Lamentablemente hay demasiados casos en los que un político menosprecia a los ciudadanos. Volviendo a España, Pedro Castro, alcalde de Getafe llamó “tontos de los cojones” a los votantes del PP. El socialista pidió perdón y matizó el contexto en el que las hizo (tal y como ha hecho también Romney), pero al igual que los errores en prensa, la fe de erratas nunca compensa. El error se viraliza, la disculpa no. Además, la política no es una disciplina donde, como en algunos deportes, la confrontación desmesurada afianza la fidelidad (nosotros contra ellos; Barça vs Madrid). En política la gente cambia de opinión y si insultas a “los otros”, les afianzas en su voto y lo más seguro es que pierdas algunos “tuyos”. Por eso una campaña negativa en exceso es peligrosa.



Otro caso, más curioso si cabe. Alfonso Rus, alcalde de Xàtiva (PP) llamó “burros” a sus propios votantes: “Si yo mando, traeré la playa. Y van y se lo creen todo. ¡Serán burros! Y me votaron”. Al parecer estaba explicando cómo ganar las elecciones: “donde no gobernamos hay que crear la ilusión de gobernar”. Esto último no es mal consejo, siempre y cuando dicha ilusión no suponga infravalorar al ciudadano. Y, obviamente, si se “rompe” una ilusión y hay que dar malas noticias, éstas pueden ser comprendidas (o no) por los ciudadanos, pero seguro que serán rechazadas si escuchan un “que se jodan”.



Un político no se puede permitir el lujo de menospreciar a nadie, ni a micrófono abierto, ni a puerta cerrada. De hecho, un persona que desprecia, aunque sea sólo en su fuero interno, nunca podrá ser buen político.



miércoles, 5 de septiembre de 2012

No son vinculantes

El curso político comienza con fuerza: dos elecciones autonómicas clave y el ya bautizado “otoño caliente” con la posibilidad (más que posible, si se me permite) de un segundo rescate, en el que no cabrán lenitivos destacando que se trata de un sector concreto como ocurrió con el financiero. Por su parte, el Presidente del Gobierno sorprendió hace unos días con un cambio de estrategia comunicativa (no sabemos si puntual o se mantendrá en el futuro) encaminada, se supone, a afrontar ese otoño difícil que se espera. “Quien me ha impedido cumplir mi programa electoral ha sido la realidad”; “cumplir con mi deber me llevará a volver a ganar las elecciones”. Estos fueron los dos titulares principales de la primera entrevista que concedió Mariano Rajoy a la prensa (ABC y otros tres rotativos europeos). Y tienen miga.

Muchos han comentado el hecho de que
su primera entrevista en prensa fuera para ABC,
en lugar de El Mundo. Seguramente Rajoy
recordaba cierta campaña en 2008 y Pedro J.
Ramírez publicó una dura crítica el mismo
domingo que la entrevista..
Primero. Abandona la “herencia recibida”
Para alivio del PSOE, si el Gobierno y el PP mantienen esta línea marcada por Rajoy, la famosa “herencia”, esas diferencias “inesperadas” en las cuentas del Estado, ya estaría superada. En realidad es lógico, ya que los ciudadanos no entenderían ni aprobarían seguir justificando medidas en base al supuesto engaño del anterior ejecutivo. A partir de ahora, lo que “obliga” al Gobierno es “la realidad”.

Segundo. Rompe su relato
Los partidos de oposición y los medios de comunicación críticos con el Gobierno cargan las tintas con este punto mostrando y recopilando las declaraciones -e incluso campañas- de los actuales dirigentes criticando las subidas de IVA, los recortes en derechos sociales o la reforma laboral que hizo el anterior ejecutivo. Puñetazos de hemeroteca que también se llevó Zapatero cuando decidió emprender la misma estrategia que esgrimió Rajoy el pasado fin de semana: con su famoso “cueste lo que me cueste”. La diferencia es que el relato de Zapatero, el del Presidente que más derechos sociales había impulsado, quedó mucho más perjudicado por "la-realidad-que-le-obligaba” que el del Rajoy que prometía en campaña no subir los impuestos ni tocar la sanidad o la educación. ¿Por qué? Por la percepción.

Tercero. Pone el foco en la realidad
Este punto es arriesgado desde un punto de vista estratégico, ya que deja al descubierto lo que muchos podrían entender y la oposición entiende como un engaño. En 2008 la percepción era que no había crisis, la campaña del PSOE la negaba y el PP la exageraba, pero lo cierto es que la mayoría de los españoles no tenía la imagen tan mala que tiene de la situación en la actualidad. Por esta razón, cuando Rajoy habla ahora de la “realidad” que le fuerza a incumplir su programa y sus convicciones políticas, lo lógico es pensar que cuando hacía campaña hace sólo unos meses ya conocía cuán grave era la situación -con o sin herencia-.

Y cuarto. Puede deslegitimarle
“¿Entonces para qué sirve un programa electoral?”, se puede preguntar un votante popular ahora o uno socialista en mayo de 2010. Estas situaciones pueden deslegitimar (aún más) la política: “son todos unos mentirosos: prometen A y luego hacen B”. Y no sólo eso, sino que además plantea un sinfín de preguntas en esta dirección, tal y como apuntó Antoni Gutiérrez-Rubí en su artículo "Rajoy, la realidad y el deber".  La gente elige a sus representantes para que cambien la realidad y no al revés, como decía Antonio Caño en su columna. Aunque tampoco vayamos a caer en la ingenuidad, ya que, poniéndonos en un extremo, un presidente puede promover la paz entre naciones y luego ser atacado y tener que entrar en guerra. La realidad sobreviene y el deber de actuar influye en cumplir o no lo prometido, obviamente, pero sin ir tan lejos, en este caso sin embargo, la realidad no exculpa puesto que tanto ésta como su percepción no han cambiado últimamente, tal y como se dijo en el punto anterior.



Así pues, y dando paso a una visión más general, parte del problema de la política actual es precisamente ese: la ingenuidad. Ingenuidad de tomar por ingenuos a los votantes. La ingenuidad y falta de sinceridad, transparencia u honestidad, si se prefiere. Madurez política, en definitiva, que se evidenciaría en estrategias comunicativas más honradas y cercanas a los ciudadanos.

Los votantes otorgan su confianza, no por "lo hecho" o "lo que se hace" en la realidad presente, sino por “lo que se va a hacer”, y más vale que no sientan que les engañan. “Cumplir con el deber” no asegura una reelección, del mismo modo que un programa electoral no asegura un Plan de Gobierno. No son vinculantes.

martes, 24 de julio de 2012

De encuestas e impuestos

Desde que estuvimos en Washington, recibo diariamente una recopilación de las encuestas del día y un tracking electoral que evidencia lo difícil que lo tiene Obama (+1, -1, empate, +1, +2, empate, -1, +1...).

Ayer recibí dos encuestas que me llamaron poderosamente la atención. La primera:

Preguntados a adultos de todo el país: ¿Cree que subir los impuestos a aquellos que ganan más de 250.000 dólares al año...?
- hace el sistema tributario más justo: 44 %
- hace el sistema tributario menos justo: 21 %
- no supone ninguna diferencia: 25 %

Un 46 % de los estadounidenses cree que gravar más a los que más tienen es injusto o no supone mejora alguna para el sistema. No ahondaré en este asunto, pero al ver estos datos me reafirmo en la idea de que los estadounidenses tienen tan asumida la imagen de su país como tierra de oportunidades que, aunque sean de clase baja o clase media, se ven a sí mismos como clase alta en el futuro y, por consiguiente, ¿por qué perjudicarse con más impuestos para servicios públicos que no utilizarán?

La segunda encuesta. Sobre servicios locales e impuestos:

¿Estaría dispuesto a reducir muchos de los servicios locales si supusiera pagar muchos menos impuestos? (significantly less in taxes)
- Dispuestos 45 %
- No dispuestos 46 %

Centrándonos en las escuelas públicas, ¿estaría dispuesto a tener menos días lectivos de escuela o clases más llenas si ello supusiera pagar muchos menos impuestos?
- Dispuestos 21 %
- No dispuestos 74 %

Misma pregunta sustituyendo escuelas por efectivos de bomberos:
- Dispuestos 12 %
- No dispuestos 83 %

Misma pregunta con policías:
- Dispuestos 15 %
- No dispuestos 82 %

Y sobre servicios menos esenciales como bibliotecas y parques, ¿estaría dispuesto a reducir estos servicios si ello supusiera pagar bastante muchos menos impuestos?
- Dispuestos 30 %
- No dispuestos 66 % 

He querido citar esta encuesta para evidenciar dos aspectos. El primero es que la pregunta es casi tan reveladora como la respuesta. El cómo se plantea influye en la respuesta. Por ejemplo, la primera es una pregunta mucho más abierta y, por tanto, tiene una respuesta menos reflexiva, más emocional y directa: ¿estaría dispuesto a reducir servicios para pagar menos impuestos? La mitad dice que sí, pero si le preguntan específicamente por esos servicios, incluso si son "menos esenciales", y además se introducen detalles como "clases más llenas" ("more crowded classrooms"), los porcentajes cambian considerablemente. El frame (marco conceptual) de la pregunta condiciona la respuesta.

La segunda idea que quiero destacar es una carencia vital (que tenemos) para la sostenibilidad de un estado moderno y, sobre todo, de un estado del bienesetar: la comunicación en materia tributaria. Todo el mundo queremos pagar menos impuestos a priori, pero luego si nos preguntan por algún servicio público específico la mayoría de nosotros no lo eliminaríamos. Los ciudadanos han de saber qué están pagando sus impuestos y por qué lo están haciendo. El problema es que la imagen que se tiene (y con bastantes motivos en muchos casos) es que el dinero público se despilfarra y los servicios públicos no valen lo que nos cuestan. Ahora en tiempos de crisis, cuando la gente mira el dinero (público y privado) con más atención que antes, los Gobiernos tienen una gran oportunidad para comenzar a desarrollar una política comunicativa transparente y formativa en este asunto. ¿Lo harán?


Ya hay iniciativas muy interesantes a este respecto. He aquí algunas:

Recomiendo el artículo "¿Por qué pagamos impuestos?: la importancia de la comunicación fiscal", de Borja Díaz Rivillas, publicado en El Molinillo de ACOP de abril que encontrarás aquí.   

viernes, 22 de junio de 2012

Rajoy se está ganando una camiseta


Recuerdo que en sus peores momentos del caso Gürtel, Francisco Camps decidió evitar preguntas, dentro y fuera del parlamento valenciano. A los periodistas hacía tiempo que ya los tenía a pan y agua en lo que a respuestas se refiere, pero llegó un punto en el que la oposición preguntaba a quemarropa, alarmados por el constante flujo de filtraciones que ponían en evidencia a la Generalitat y a todos los valencianos. En esos momentos, Camps se llenó la agenda de viajes que la mayoría de veces coincidían con la sesión de control al Consell de los jueves. Entre otras, el ex President visitó Nueva York, Sao Paulo, Bruselas y hasta Abu Dhabi.

Tanto fue así que un día la diputada autonómica Mónica Oltra (de Coalició Compromís) vistió en Las Cortes una camiseta con la cara del ex Presidente y el mensaje muy de Western: “Wanted – Only alive”, Se busca – Sólo vivo. La camiseta causó sensación, muchísima gente la compró y ya es un elemento más de las manifestaciones en Valencia. (De hecho, Oltra ha continuado portando camisetas con mensaje hasta que el PP cambió el reglamento de la cámara para prohibirlas, entonces la diputada tiró de originalidad y de tecnología QR, una gran jugada que volvió a captar la atención de la opinión pública, aunque no se espera mucho más recorrido de las camisetas de Compromís. Aquí podéis ver la colección).

Salvando distancias, Rajoy está imitando a Camps en su principal error de comunicación: no comunicar, lo cual, valga la paradoja, sí comunica. Comunica miedo, cobardía, inseguridad… El Presidente del Gobierno se ha llenado la agenda de viajes internacionales. Nadie dice que no deba hacerlos, sin embargo, el Gobierno tendría que tener muy presente que los ciudadanos deben conocer (y sobre todo, tener la percepción de que conocen) por qué acude a dichos lugares y por qué toma x o y medidas. Los ciudadanos necesitan una comunicación clara, continua y sin que los eufemismos tomen el control del mensaje. De ahí que el Discurso descartado de Rajoy del bloggero José A. Pérez tuviera tanto éxito y difusión en la Red. Ése discurso habría confortado a muchos más españoles.


A su apretada agenda internacional, las ruedas de prensa sin preguntas, las contradicciones entre ministros, los patinazos en la prensa (con comparaciones odiosas incluidas), las huidas por la puerta de atrás para evitar periodistas… a todo este maremágnum que contradice los más básicos manuales de comunicación (la mayoría de pura lógica), ahora se une el no querer hacer un debate sobre el Estado de la Nación. El Gobierno alega que el debate de investidura fue hace seis meses, bien, ¿pero qué es más perjudicial: aguantar el chaparrón dos días o soportar toda una campaña de la oposición y la sociedad civil acusándoles de opacidad y cobardía? Abundan por Internet las peticiones y mensajes pidiendo el Estado de la Nación, la oposición no parece que vaya a dejar de recordarlo (como es obvio) y la percepción, que es incluso más influyente que la realidad, es que “el Gobierno no da la cara” + “con la que está cayendo”.

Si se hubiera convocado el Debate sobre el Estado de la Nación, sólo se habrían fijado en él la gente que de verdad se interesa. La amplia mayoría casi ni se habría percatado. Ahora es tarde. Todo el mundo se ha enterado (o se va a acabar enterando) de que el Gobierno no ha querido celebrarlo. Y si, aunque suene a política ficción, por presiones lo aceptara ahora, mucha más gente le prestaría atención, que es justo lo que querían evitar. El Ejecutivo debería entender que no-comunicar también comunica y, lo que es peor, otros lo interpretan por ti. Como Mariano Rajoy continúe con esta dinámica alguien le va a hacer una camiseta. Se la está ganando a pulso.




miércoles, 6 de junio de 2012

El bajón de Estrella Damm


Se puede decir que la comunicación de una marca ha llegado a la ansiada Ítaca cuando es la gente la que está atenta de lo que hace la marca y no sólo viceversa. Una de las formas de hacerlo es mediante la estacionalidad de sus campañas. Pensemos, por ejemplo, en la expectación que despierta cada año el anuncio de Freixenet. Es símbolo de navidad. ¡Hasta los medios le dan cobertura!

Estrella Damm, desde 2009, ha conseguido lo mismo. Sus campañas “Mediterráneamente” han sido un éxito desde el principio y la gente ya relaciona estos anuncios con el inicio del verano y con el Mediterráneo (beneficiario colateral de estas campañas). Han marcado hasta la canción del verano en más de una ocasión. Hagamos un rápido repaso a los cuatro años de historia de esta campaña.

En 2009 dieron el bombazo con el anuncio rodado en Formentera. La canción fue un éxito rotundo y el anuncio gustaba por su frescura, novedad y la historia que contaba. Tenía una estructura circular (comenzaba y acababa en el mismo lugar) que encajaba perfectamente con el mensaje: “lo bueno nunca acaba si hay algo que te lo recuerda”. ¿Qué te recordará siempre ese verano? La cerveza, claro. 3,5 millones de visitas en Youtube hasta hoy.



En 2010 se centró en las fiestas de San Juan, principalmente en la isla de Menorca. Aunque la canción era muy buena, no tuvo tanto éxito en las radios como la anterior. Por otra parte, en esta ocasión el relato del anuncio tenía mucha más fuerza: chico gusta chica, chica pasa de chico, chico se fija en otra, chica por fin hace caso. Y el eslogan cuadraba perfectamente con la historia: “a veces lo que buscas está tan cerca que cuesta verlo”. 4,2 millones de visionados.



Llegó 2011, y la gente ya lo estaba esperando. Esta vez se rodó en la Costa Brava y tuvo a Isabel Coixet como directora y a Ferran Adrià como actor de reparto en la historia. Utilizaban los mismos recursos: la diversión, la pasión del verano, la fiesta, mucha luz… pero la historia, aunque aderezada con la escuela del Bulli, no era tan atractiva como las dos anteriores. Lo que sí volvía a estar bien escogido era la frase final. Después de cocinar un par de huevos fritos acompañados de una cerveza con Ferrán Adrià, se leía: “a veces lo normal puede ser extraordinario”. Repetían el recurso “a veces”, pero remitía perfectamente a la cerveza. 1,1 millones de visitas. No tuvo tanto éxito.



Y llegamos al verano que se avecina. Este año la elegida ha sido la sierra de Tramuntana de Mallorca. Un chico llega al pueblo de su infancia y se lo pasa bien. Mucha fiesta, música, baile, baños, bromas… Verano al fin y al cabo. Dejando claro que Estrella Damm hace una gran inversión en estos anuncios-videoclip, que se nota especialmente en la gran calidad técnica de los vídeos, este año ha sido el más flojo de todos, y sin embargo, 1,4 millones de visitas en Youtube en menos de una semana. No creo que suba mucho más.



La canción es pegadiza, pero el anuncio no tiene relato. La gente lo recordará por la belleza de los paisajes que enseña pero no por nada más. No dirán “es el chico que llega al aeropuerto y todo vuelve a comenzar” o “la historia de amor” o “el del Bulli”. Dirán “el de Mallorca” (si se acuerdan). Asimismo, el mensaje final es algo complejo para el sencillo entendimiento que precisan los anuncios y resulta más difícil relacionarlo con la cerveza: “cuando amas lo que tienes, tienes lo que quieres”.

Coincido con el número de visitas, para mí los dos primeros son los mejores y este último el menos interesante. Con todo, como ya se apuntó, en menos de una semana tiene millón y medio de visitas y se convirtió obvia y rápidamente en Trending Topic al momento de lanzarse. De modo que Estrella Damm se puede sentir orgullosa de seguir en Ítaca, aunque este año, en el tema musical y creativo, la otra cervecera, San Miguel, le ha ganado la mano con este anuncio-videoclip que, aunque no han sabido promocionarlo bien en la web, la gente está compartiendo con gusto.



PD. Por cierto, ¿para cuándo un anuncio de Estrella Damm por Valencia?



domingo, 20 de mayo de 2012

Hacia la Realidad Aumentada

Ya es imparable. Parece el futuro, pero va a estar a la orden del día muy pronto, y digo “muy pronto” en lugar de “ya”, porque su uso, o incluso el concepto en sí, no está generalizado (todavía). La tecnología GPS, por ejemplo, aunque no lo parezca, existe desde 1978 y, como tantos otros avances, fue diseñado por el Departamento de Defensa de los EE.UU. con fines militares. En los ochenta sus creadores vieron el potencial de sacarlo al mercado y sobra decir cuántos millones se están moviendo con los GPS.

Con la realidad aumentada (RA) sucederá lo mismo. El investigador Tom Caudell fue el primero en acuñar el nombre, aunque si atendemos a su definición podemos encontrar realidades aumentadas desde la película Quién engañó a Roger Rabit hasta las fechas y circulitos que vemos en televisión en las jugadas más complejas de los partidos de fútbol. Caudell la limitó a una combinación de elementos virtuales con la realidad física. Sin embargo, esta definición se ha quedado algo obsoleta para los tiempos que corren. ¿Qué más puede ser la RA? Google, como siempre, va más allá.


Pienso que sería más correcto definir la RA como la realidad que vemos a través de ciertos dispositivos que nos permiten añadir información complementaria e interactuar con otras personas. Por supuesto, Google con estas gafas (Project Glass) está diseñando el futuro perfecto e idóneo (sobre todo para ellos) que no tiene por qué ser exactamente así, pero incluye estos dos elementos sine qua non: la interacción y la complementariedad.

No dejéis de echar un vistazo a esta entrada: "Las 5 mejores aplicaciones de RA para celulares". Personalmente destacaría la más famosa de todas que es Layar y TAT Augmented ID. Aquí tenéis un vídeo en español de una prueba de Layar en Caracas y aquí una en Barcelona. Ven la realidad a través de sus móviles y van añadiendo capas de información complementaria (Wikipedia, Instagram, Tweets Around, Paranomio...). Por lo tanto, puedes ver los tuits, las fotos o los artículos de Wikipedia que estén cerca de ti, Para entenderlo os recomiendo que veáis alguno de estos dos vídeos.




Layar es la aplicación que más oportunidades tiene. Es gratis y está disponible para iPhone y Android. De hecho, una empresa valenciana, amante, por lo visto, de la arquitectura de José María Manuel Cortina, ya ha desarrollado una capa de Layar para descubrir sus obras. Aquí su vídeo promocional.  

TAT Augmented ID, por otro lado, es una aplicación que reconoce a las personas y añade alrededor de sus cabezas las redes sociales o información online disponible sobre éstas. Aquí tenéis su vídeo oficial:



No entraré a cuestiones éticas sobre la posible amenaza a la privacidad e intimidad de las personas. Me parece un tema demasiado serio como para abordarlo y mezclarlo con esta entrada. Simplemente diré que, en mi opinión, debería existir la posibilidad de ser ajeno a toda esta tecnología.

Dicho esto, me gustaría lanzar una última reflexión llevando esta tecnología al campo profesional de la comunicación. Si ya hay gente que opina que Twitter y Facebook han tenido algo que ver en la Primavera Árabe, ¿qué pasará cuando estas aplicaciones mejoren y se extiendan? La capacidad de movilización, organización y flujo de información pueden ser ilimitadas. Si podemos ver los tuits de personas que no conocemos pero que están cerca y podemos hacer turismo sin necesidad de guías ni mapas, ¿por qué no buscar piso simplemente paseando por un barrio que nos gusta, accediendo a información sobre ellos sin necesidad de visitarlos en ese momento?; ¿por qué no una campaña de grassroots aún más eficiente que la de Obama en 2008?; ¿por qué no echar un vistazo rápido a la valoración de la gente a cada uno de los restaurantes de una plaza con sólo girar el móvil?; ¿por qué no encontrar a alguien perdido sin necesidad de llamarle?; ¿por qué no conocer a alguien y acceder a la información de contacto que éste desee simplemente haciéndole una foto? Veremos cuánto puede aumentar este tipo de realidad, pero las oportunidades que abre son tremendas para el sector de la comunicación, ya sea política, corporativa o institucional.